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[ Láminas de los Tarots ]
1. EL MÍSERO
Misero I
La primera lámina del Tarot simboliza la parte inferior de la Creación,
allí donde la luz del Creador a duras penas puede llegar. Se representa
por medio de un mendigo, el Mísero, palabra proveniente de la latina miser,
que signiWca ‘desdichado, infeliz, miserable’. San Isidoro de Sevilla
explica de la manera siguiente la idea antigua de la etimología de esta
palabra: «Propiamente porque ha perdido (amiserit) toda la felicidad. Cicerón
llama míseros a los muertos porque han perdido (amiserunt) la vida.»1
Siguiendo los conceptos renacentistas, el Mísero «es como un muerto»
por estar alejado del manantial de la Vida; por ello es desdichado, pues no conoce
la auténtica felicidad que proviene de los dioses.
En la lámina se observa a este hombre, vestido con andrajos, con un bastón
sin pulir. Lo vemos entre las ruinas de un templo destruido, junto a un árbol
seco y muerto, pues no recibe el viento viviWcante de primavera, y con unos perros
mordiéndole los pies, que son su fundamento. Es una imagen parecida a la
carta del Loco perteneciente al Tarot de Marsella, de la cual E. d’Hooghvorst
explica que, grabando esta lámina, «el imaginero ha querido signiWcar
el exilio del hombre en este mundo: creado para el Arte, la poesía, la
profecía, hele aquí mudo, en silencio satánico. [...] El
dibujo nos muestra claramente a un hombre en camino. Camina desde siempre. ¿Adónde
va? A ninguna parte. Tal es su destino heredado de los sueños del vagabundeo,
su único bagaje».2
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Etimologías (cit. en p. 42, n. 50), vol. I, p. 833: X, 173.
2. «Los Tarots» (cit. en p. 26, n. 26), p. 114.
2. EL SERVIDOR
Fameio II
La segunda lámina es la representación de un Servidor, en idioma
original Fameio, del latín famulus, que signiWcaba ‘servidor, doméstico’,
de donde procede la palabra familia: ‘conjunto de personas que un señor
sustenta dentro de su casa’.
En la imagen, el Servidor anda llevando una crátera en las manos, a la
que mira Wjamente. Es lógico relacionar esta lámina con una carta
del Tarot de Marsella, la Sota de Copas.1 La copa representa simbólicamente
un recipiente que contiene alguna cosa, y esto nos remite a la copa medieval
simbólicamente más importante, el santo Grial, recipiente donde
se recogió la sangre de Cristo. Según J. E. Cirlot, «el
Grial signiWca simultáneamente un vaso (grasale) y un libro (gradale)».2
El Servidor es quien lleva este precioso tesoro, ya sea la sangre de Jesucristo,
que salva al hombre de la muerte, ya sea el libro en donde está escrita
la Revelación de Dios. Pero aquello que lleva el Servidor de ningún
modo le pertenece, quizás ni tan siquiera lo conoce, ya que sólo
es un intermediario que lo transporta. El recipiente está cubierto, todavía
no se deja ver aquello que contiene.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Cf. S. R. Kaplan (cit. en p. 21, n. 17), p. 52.
2. Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, 1982, voz «Graal».
3. EL ARTESANO
Artixan III
El Artesano trabaja y da formas nobles a las materias brutas; su nombre proviene
del vocablo latino ars, ‘conjunto de normas y reglas para hacer algo bien’.
San Isidoro de Sevilla explica que «deriva del griego arete´-s,
esto es, de lo que en latín decimos virtus».1 Virtus es a su vez
un derivado de vir, ‘hombre’, pues éste es quien tiene la
fuerza creadora capaz de dar forma a la materia.
Dentro de un ediWcio, el Artesano de la lámina trabaja sobre un pequeño
yunque, teniendo sobre la mesa diversas herramientas; al fondo a la derecha,
hay una forja con una visible llama de fuego. En el modelo iconográWco
que Ripa propone para el arte debe haber un fuego, ya que «la ígnea
llama aparece como principal instrumento de las cosas que al arte pertenecen,
pues, consolidando o ablandando la materia, la hace apta para ser utilizada
por el hombre en muchas de sus industriosas actividades».2 A los artesanos
que trabajan con el fuego se les ha relacionado siempre con la Alquimia,3 y
por ello los alquimistas son llamados «Wlósofos por el fuego».
Al otro lado de la forja, un personaje que parece su maestro supervisa el trabajo
del Artesano con una extraña posición de manos. Desde la Antigüedad
clásica los artesanos se agruparon en gremios; debían ayudarse
y amarse todos como hermanos, y transmitirse los secretos del oWcio, junto a
secretos iniciáticos y WlosóWcos.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Etimologías (cit. en p. 42, n. 50), vol. I, p. 277: I, 1, 2.
2. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. I, p. 116.
3. Cf. M. Eliade, Herreros y alquimistas, Madrid, Alianza Editorial, 1974.
4. EL MERCADER
Merchadante IIII
Mercader deriva del latín merx, ‘mercancía’, que en
la lengua familiar se empleaba como ‘negocio, asunto, cosa’, incluso
reWriéndose a personas; de la misma raíz proviene Mercurius, dios
del comercio.1
El Mercader de esta sobria lámina, ataviado con la ropa de la burguesía
Xoreciente de la época, lee atentamente una carta o una contrata, sujetándola
con las dos manos, lo cual parece inducirnos a recuperar la relación
etimológica entre Mercader y Mercurio. San Agustín, recogiendo
la sabiduría clásica, escribe: «Se dice llamado Mercurio
porque ‘corre en medio’ (medius currens), al igual que la palabra
corre media entre los hombres. [...] De ahí le viene también el
que presida las mercaderías, porque entre los que venden y los que compran
media la palabra.»2
Ripa, explicando la imagen iconográWca del Comercio y trato de la vida
humana como el intercambio de relaciones y palabras entre los hombres, enseña
que el Gran Maestro y Señor del Mundo hizo muy sabiamente en no colmar
ningún lugar de la tierra con todos los productos que existen, para que
los unos precisen de los otros: «Esta necesidad provoca que cada nación
tenga ocasión de tratar con las otras y ayudarse de ellas, de donde viene
el intercambio que se produce con el comprar y el vender.»3 Es como el
cielo y la tierra, que, desde la caída, no son completos y uno necesita
del otro.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Cf. A. Ernout et A. Meillet, Dictionnaire étymologique de la langue
latine, París, Klincksieck, 1985, voz «Merx».
2. «La Ciudad de Dios», en Obras de san Agustín, Madrid,
BAC, 1964,
vol. XVI, p. 372.
3. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. I, p. 196.
5. EL GENTILHOMBRE
Zintilomo V
A Wnales del siglo xv, los gentilhombres eran nobles que servían o acompañaban
al rey en sus diferentes actividades. La palabra proviene del latín gens,
gentis, ‘raza, familia o tribu’.
En la lámina vemos a un Gentilhombre durante una cacería. El personaje
principal practica el arte de la cetrería junto a un ayudante que lleva
dos perros. La caza de volatería por medio de halcones amaestrados fue
el deporte favorito de la nobleza feudal, pero además contiene una signiWcativa
lectura simbólica. Es un símbolo que provenía de los egipcios,
pues para ellos el halcón era el jeroglíWco del alma humana, lo
cual recogieron los griegos; en griego halcón se dice hiéraks,
que se relaciona directamente con hierós, ‘sagrado’. Según
Horapolo del Nilo, único autor clásico que explica el signiWcado
de los antiguos jeroglíWcos, «el halcón, por estar relacionado
con el alma, no bebe agua, sino sangre, con lo que también se alimenta
el alma [...] porque parece ser imagen del sol, mirando con vista penetrante
hacia sus rayos a diferencia de todas las aves».1 Cuando el halcón
tiene la cabeza cubierta con el capirote representa el alma (psykhe´-),
prisionera en la oscuridad del cuerpo, pero cuando se le saca el capirote, el
ave, es decir el alma, se dirige hacia el sol, que es el origen de las almas,
y al que el halcón puede mirar Wjamente sin cegarse.
Se conocen varios emblemas renacentistas en los que se ve un halcón con
el capirote, cuyo lema reza: «Espero la luz después de las tinieblas»,
aludiendo al signiWcado jeroglíWco del arte de la cetrería, que
el hábil grabador del Tarot ha escondido en esta lámina.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Hieroglyphica, Madrid, Akal, 1991, pp. 83 y 87.
6. EL CABALLERO
Chavalier VI
Extraña representación de un caballero sin caballo, quizás
para mostrar que lo importante del Caballero no es precisamente el hecho de
ir a caballo. Covarrubias lo indica al explicar el sentido de la palabra: «El
cavallero se llama en latín miles [...]. Esto trae origen del modo de
elegir un cavallero, porque de mil soldados escogían uno [...]. De manera
que no se dirá cavallero absolutamente el que anda a cavallo, sino por
ser escogido para la orden de cavallería, que consta de hombres escogidos
cada uno entre mil».1 El Caballero lo era en tanto pertenecía a
una orden o escuela iniciática, y para ello debía ser investido
en una ceremonia de carácter sagrado.
En el grabado vemos dos personajes: en primer término un Caballero con
una espada corta y detrás suyo un servidor con una espada larga; esto
hace referencia a la costumbre de los caballeros de Wnales de la Edad Media
de llevar dos espadas, una grande para atacar, ceñida a la izquierda,
y otra más corta, o bien un puñal llamado misericordia, ceñida
a la derecha, que se utilizaba para herir a los jinetes caídos. Estas
dos espadas representan el simbolismo doble propio de la espada, que es una
arma de «doble Wlo», como dice R. Guénon: «La espada
es un símbolo del Verbo o de la Palabra, con su doble poder creador y
destructor.»2
La aventura del Caballero era propiamente una búsqueda, cuyo Wn, como
narra un ritual caballeresco, consistía en recorrer «el Oriente
y el Occidente, el Septentrión y el Mediodía, en busca de la Palabra
Perdida. A pesar de las tinieblas que nos envolvían y las diWcultades
que el error y la ignorancia han sembrado sobre nuestros pasos, creemos haberla
encontrado».3
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Tesoro de la lengua castellana o española, Barcelona, Alta Fulla,
1987, voz «Cavallero».
2. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Buenos Aires, EUDEBA,
1969, p. 157.
3. Según P. Mariel, Rituels des sociétés secrètes,
París, La Colombe, 1961,
p. 109.
7. EL DUQUE
Doxe VII
A causa de la Wgura de esta lámina, algunos autores han pensado en un
posible origen veneciano de estos grabados; pues, en efecto, el personaje va
ataviado como los Dux de Venecia. Los Dux eran en todo diferentes a los demás
Duques, ya que su dignidad era una imagen o representación de la soberanía
que residía en toda la Junta de Senadores. Los Dux llevaban un gorro
frigio, como los adeptos de Mitra en la Roma Imperial; Mitra representa el amor,
y se le considera «príncipe de las generaciones y de la fecundidad,
que perpetúa y renueva el mundo».1 Por este motivo se ha atribuido
un signiWcado fálico a este gorro.
Duque proviene del latín dux, que signiWcaba ‘conductor, guía’;
era un término del antiguo lenguaje pastoril, atribuido a quien ‘conducía’
el rebaño.2 En la antigua Roma, se utilizaba para designar a la persona
que conducía el ejército con el estandarte. Un detalle destaca
de la Wgura, quizás ligado con el sentido etimológico: la posición
de la mano siniestra que señala el centro de su cuerpo, mientras que,
para que se pueda observar esta señal, con la diestra aparta su larga
capa. Así, el personaje parece ‘conducir’ hacia el interior
de uno mismo, aplicando la máxima antigua «Conócete a ti
mismo».
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. J. F. M. Noël, Diccionario de mitología universal, Barcelona,
Edicomunicación, 1991, voz «Mitra».
2. Cf. A. Ernout et A. Meillet (cit. en p. 56, n. 1), voz «Dux».
8. EL REY
Re VIII
El Rey, en latín rex, era quien dirigía él solo los asuntos
del Estado. En la lámina aparece el Rey entronizado como las dos últimas
Wguras de la serie, indicando dominio y potestad, y vestido como un general
romano, coronado y mirando atentamente la vara o cetro de mando, pues con ella
‘rige’. Rex proviene de rego, ‘regir’, que signiWca
propiamente ‘dirigir en línea recta’ y secundariamente ‘ejercer
la dirección o el mando de algo’.1 A partir de esta etimología
san Isidoro de Sevilla aWrma: «No “rige” el que no “corrige”.
El nombre de “rey” se posee cuando se obra “rectamente”,
y se pierde cuando se obra mal. De aquí aquel proverbio que corría
entre los antiguos: “Serás rey si obras con rectitud; si no obras
así, no lo serás.”»2
La composición de la Wgura se centra en el cetro que el Rey sostiene
verticalmente con su diestra; ello es así porque el cetro es dado a aquel
que ha «corregido» su naturaleza caída y tiene el dominio
sobre la creación. Ripa deWne el modelo iconográWco del Dominio
como un personaje que sostiene un cetro y escribe que «es clarísimo
signo de Dominio, según resulta de numerosos autores, y en particular
de Pitágoras, quien bajo Wguras míticas representa su Wlosofía.
Pues éste deWnió a Osiris como Rey y Señor».3
Osiris es la imagen simbólica del rey, porque por medio de su muerte
y resurrección ha «corregido» la mala formación, eliminando
lo que en él era heterogéneo. En Alquimia se llama rey al «oro
de los Wlósofos, [...] principio de Wjeza que anima el mercurio de los
sabios y la materia de la piedra».4 Es una imagen del Rey que anima y
domina el universo por medio del cetro, que es la medida perfecta de todas las
cosas.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Cf. A. Ernout et A. Meillet (cit. en p. 56, n. 1), voz «Rego».
2. Etimologías (cit. en p. 42, n. 50), vol. I, p. 765: IX, 3, 4.
3. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. I, p. 296.
4. A. J. Pernety, Diccionario mito-hermético, Barcelona, Indigo, 1993,
voz «Rey».
9. EL EMPERADOR
Imperator VIIII
Emperador es una palabra proveniente del latín imperator, que a su vez
está compuesta de in y paro, y que signiWca propiamente ‘tomar
medidas, hacer preparativos para que una cosa se haga’; según ello,
el sentido de ‘gobernar’ derivaría de la idea de ‘ordenar’.1
Por sus vestidos y atributos el Emperador de la lámina se relaciona con
Júpiter, del cual ha dicho Agrippa: «Ciertamente, es el pensamiento
de este mundo que, conteniéndose en sí mismo, lo produjo.»2
Los rasgos de ancianidad y su barba muestran la eternidad de este pensamiento.
Los atributos que identiWcan al personaje de la lámina son los que desde
Augusto usaban los romanos para signiWcar al Emperador; éste iba cubierto
con el manto púrpura de los generales victoriosos, se ceñía
la corona de laurel, árbol atribuido a Júpiter, poseía
el cetro corto del mismo dios y sostenía en su mano el globo que representaba
el universo. En el grabado, el personaje lo mira Wjamente como si lo fecundara
con la mirada. La utilización de los atributos de Júpiter indica
que el Emperador encarnaba el poder de dicho dios sobre la tierra. Tal aspecto
es conWrmado por el hecho de encontrarse detrás de una cortina, lo que
le conWere un carácter sagrado, separado del mundo profano. Los pies
cruzados, como en el Emperador del Tarot de Marsella, indican un gesto ritual
que, como explica G. van Rijnberk, «signiWca la concentración volitiva
necesaria para construir, consolidar y mantener lo que ha creado con su inteligencia».3
El águila situada en la parte inferior de la lámina es un símbolo
de inmortalidad en la tradición occidental, ya que, según la leyenda,
cuando está a punto de morir desciende volando hacia una fuente, en la
que se sumerge tres veces para renovarse y volver a ser joven.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Cf. A. Ernout et A. Meillet (cit. en p. 56, n. 1), voz «Impero».
2. La Wlosofía oculta (cit. en p. 34, n. 41), p. 262.
3. Le Tarot (cit. en p. 22, n. 21), p. 232.
10. EL PAPA
Papa X
La serie de los rangos y oWcios del hombre acaba con la Wgura del Sumo PontíWce
romano, sucesor de san Pedro. Es el vértice de todos los poderes y primera
jerarquía, en tanto que jerarquía signiWca ‘gobierno sagrado’.
El Papa lleva la triple tiara sobre su cabeza, y los tres pisos de ésta
evocan los tres mundos, el físico, el anímico y el espiritual,
sobre los que el Papa ejerce su poder. El piso inferior, que representa el mundo
material, es la herencia que el hombre recibe de sus padres; el segundo piso,
que representa el mundo psíquico, son las inXuencias astrales que el
hombre recibe al nacer, y Wnalmente el último piso, que representa el
mundo espiritual, es la parte divina que está en el hombre. Las vestiduras
del Papa son blancas, símbolo de la puriWcación de los tres reinos.
Con su mano derecha sostiene dos llaves que signiWcan la autoridad y la potestad
espiritual que ostenta, como lo enseñó Jesucristo: «Yo te
daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra
será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será
desatado en los cielos.»1 Se han relacionado estas dos llaves con las
dos operaciones alquímicas fundamentales, el solve, la llave que desata,
y el coagula, la llave que ata. Su mano izquierda se apoya sobre un libro cerrado,
donde están escritos los misterios revelados que la Iglesia guarda y
transmite.
Serie S: Los rangos y oWcios del hombre
1. Mateo, XVI, 19.
11. CALÍOPE
Caliope XI
Calíope es una palabra griega y signiWca ‘que tiene una bella voz,
que suena agradable’, de kalós, ‘bello’, y óps,
‘voz, palabra’. Todas las Musas participan de esta ‘bella
voz’; por ello se consideraba a Calíope la primera de las nueve
Musas y se le atribuía la sabiduría del conjunto de las Musas,
de tal modo que nombrándola a ella se entendían comprendidas todas
las demás. Cuando Hesíodo cita el nombre de las nueve Musas, termina
por Calíope y dice de ella: «Ésta es la más señalada
de todas. Ella es la que asiste a los venerables reyes. [...] A éstos
les vierte sobre su lengua una dulce gota de miel y de sus bocas Xuyen meliXuas
palabras.»1 El autor del Tarot representa la ‘bella voz’ por
medio de un clarín, una voz metálica, un sonido vivo, capaz de
resucitar a los muertos, como las trompetas del Apocalipsis.
Calíope es propiamente la Musa de la elocuencia y de la poesía
heroica, pues, como escribió Virgilio, «Calíope confía
a los libros los poemas heroicos».2 En algunas representaciones aparece
sosteniendo con la diestra tres libros, la Odisea, la Ilíada y la Eneida,
los grandes poemas heroicos de la tradición clásica. Homero escribió
sobre Calíope: «La Musa inspiró al aedo que cantase las
hazañas de héroes, de una acción cuya fama llegó
por entonces al cielo anchuroso.»3
En la lámina, Calíope se encuentra en la ladera del monte Helicón,
también llamado Parnaso, donde residían las Musas, y junto a la
fuente de Hipocrene, cuyas aguas favorecen la inspiración de los poetas.
Algunos poetas de la Antigüedad suponen que Calíope es la madre
de Orfeo, el primero de los poetas y el profeta de los gentiles, que con su
voz amansaba las Weras.
Serie D: Apolo y las Musas
1. Teogonía, México, UNAM, 1986, p. 3: 79.
2. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p.
115.
3. Odisea, Madrid, Gredos, 1986, p. 209: VIII, 73.
12. URANIA
Urania XII
Urania es la Musa del cielo, ya que éste es el signiWcado de su nombre,
del griego ouránios, ‘del cielo, celeste’ en su primer sentido;
en el segundo signiWca ‘que eleva, que lanza hacia el cielo’.1 Este
doble sentido etimológico es el que recoge Ripa al deWnir a esta Musa:
«La Musa de la que tratamos es llamada Celeste por los Latinos, pues Urano
es lo mismo que el Cielo. Y aún sostienen algunos que recibe este nombre
porque eleva hasta el Cielo a los hombres más doctos.»2 Urania
acompaña el alma del artista hacia su origen y así lo diviniza,
llevándolo al apoteosis, en el sentido propio del término griego:
apó y théo-sis, ‘acción de divinizar, deiWcación’.
El grabador de nuestro Tarot la representa sosteniendo con una mano el globo
del mundo y con la otra un compás para medir. Dice sobre ella Virgilio
en su opúsculo De Musis: «Urania examina los movimientos de los
cielos y los astros.»3 También a esta Musa parece referirse el
poeta latino cuando escribe: «Las dulces Musas me muestren las constelaciones
y los cursos de los astros, los variados eclipses del Sol y los desfallecimientos
de la Luna; cuál es la causa de los terremotos, qué fuerza hinche
los abismos del mar...»4
Del movimiento de los cielos proviene el amor divino, por lo que la Musa Urania
se identiWca con la Venus celeste, la que da el amor puro; por ello escribe
Platón: «Y es éste el Amor que es bello, el que es “celeste”,
el que procede de la Musa Urania», y a continuación explica que
se debe a este Amor de Urania «incluso la ordenación de las estaciones
de los años».5
Serie D: Apolo y las Musas
1. Cf. A. Bailly, Dictionnaire grec-français, París, Hachette,
1963, voz «Ouránis».
2. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 114.
3. Según Ripa, Iconología, ibid.
4. Geórgicas, Madrid, Gredos, 1990, p. 314: II, 475ss.
5. El banquete, Barcelona, Planeta, 1982, p. 24: 187d.
13. TERPSÍCORE
Tersicore XIII
Por su nombre se la identiWca como la Musa de la danza, ya que sus atributos
no se diferencian de los de sus hermanas. Terpsícore, Terpsikhóra,
signiWca ‘aquella que ama la danza’, término formado por
el verbo térpo-, ‘amar, encontrar placer en’, y khorós,
‘coro de danza, personajes de la danza’. Sobre su cabeza se observan
tres astros, pues éstos danzan por las regiones del universo, siguiendo
la música de las Musas, y en especial de Terpsícore. Pitágoras
enseñaba que al moverse los cuerpos celestes generaban unas voces que
se correspondían en armónica concordancia, y que esta música
celeste era la causa de que el mundo se sustentara, dándole peso, número
y medida.
Se la representa llevando una cítara con la que marca los pasos de la
danza, basándose en el opúsculo atribuido a Virgilio De Musis,
pues éste dice: «Conmueve, gobierna, acrecienta las emociones con
tu cítara.»1
Pasa a veces por ser la madre de las sirenas, que habría concebido del
dios-río Aqueloo. Quizás por ello, en el fondo de la imagen del
Tarot que la representa, se puede ver un río. De su unión con
Apolo nació Lino, célebre poeta y músico tebano, a quien
Virgilio llama «pastor de divino canto».2
Serie D: Apolo y las Musas
1. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p.
114.
2. Bucólicas, Madrid, Gredos, 1990, p. 199: VI, 67.
14. ERATO
Erato XIIII
Esta Musa recibe su nombre de la palabra griega éros, ‘amor’,
como lo señala Ovidio: «Ahora, más que nunca, séme
favorable, Erato, pues tú tienes el nombre del amor.»1 La presencia
de esta Musa era invocada por los amantes, sobre todo en el mes de abril, mes
que entre los romanos estaba consagrado muy particularmente al amor, y presidido
por esta Musa tal como consigna Ovidio en otro lugar: «El mes citereo
está concedido a ella, por llevar el nombre del amor tierno.»2
En este momento del año la vida se renueva sobre la tierra y, por un
acto de amor, el espíritu fecundante del cielo hace crecer todas las
semillas de la tierra.
Erato inspira los versos que nacen junto al deseo amoroso, por ello preside
la poesía lírica y anacreóntica, aquella que, a imitación
de Anacreonte, canta los placeres del amor y del vino con ligereza, donaire
y gusto reWnado. Este poeta escribía: «¿Que me estás
enseñando Wlosofías vanas y de los sabios necios sentencias y
elegancias? Enséñame a que beba el licor de las parras, que es
ciencia de provecho para el cuerpo y el alma; enséñame a que ría
con Venus la dorada...»3
En la lámina del Tarot vemos a Erato bailando al son de una pandereta
que marca el ritmo, tal como explica Virgilio, cuando escribe que Erato «danza
con los pies, con el canto, con el rostro».4
Serie D: Apolo y las Musas
1. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 113.
2. Fastos, Madrid, Gredos, 1988, p. 139: IV, 195.
3. Odas, XXXVI. Traducción de F. de Quevedo. Obras Completas, Madrid,
Aguilar, 1964, vol. II, p. 314.
4. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p.
113.
15. POLIMNIA
Polimnia XV
Polimnia es un nombre de origen griego, Polýmnia, de cuya etimología
se han hecho distintas interpretaciones. Según Ripa, quien cita a Hesíodo,
el nombre de Polimnia «está compuesto de la palabra poly y la palabra
mnia, que juntas signiWcan abundante memoria»,1 y la considera por ello
la Musa que preside la Retórica, pues recuerda todos los recursos de
la lengua para persuadir.
Sin embargo, parece mucho más verosímil que esté compuesto
de polýs, ‘mucho’, y hýmnos, ‘himno, canto de
alabanza a Dios o a los dioses’, y así signiWque ‘muchos
himnos’; por ello Polimnia está considerada la Musa que inspira
los cantos sagrados. La palabra hýmnos signiWca también ‘canto
nupcial’;2 de aquí su relación con Himeneo, el dios que
preside los cortejos nupciales, hijo de Dioniso y Afrodita. Basándose
probablemente en esta etimología, Platón considera a Polimnia
la madre del amor terrestre.3 De este amor dice Ficino: «Es aquella capacidad
de engendrar que se atribuye al alma del mundo.»4 El alma del mundo se
simboliza por medio de los siete tubos de un órgano, como el que lleva
Polimnia en el grabado.
Serie D: Apolo y las Musas
1. Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p. 113.
2. Cf. P. Chantraine, Dictionnaire étymologique de la langue grecque,
París, Klincksieck, 1984, voz «Hýmnos».
3. El banquete (cit. en p. 72, n. 5), 187d.
4. De Amore (cit. en p. 13, n. 3), p. 39.
16. TALÍA
Talia XVI
Talía es el nombre de una de la nueve Musas, que se relaciona con la
raíz thállo-, que en griego quiere decir ‘Xorecer, reverdecer,
llenarse de hojas o frutos’; por ello en la lámina la vemos en
un campo, con árboles frondosos, junto a un arroyo. Se atribuye a Talía
un temperamento húmedo, por lo que su inclinación natural la hace
lasciva y variable.
Se la considera la Musa que preside el arte de la comedia, como lo aWrma Virgilio:
«La cómica Talía se alegra con la lasciva charla.»1
Existe una relación misteriosa entre la risa, propia de la comedia, y
el nombre de Talía, que, como hemos dicho, signiWca ‘reverdecer’.
Sobre esta relación escribe E. d’Hooghvorst: «Esta Musa de
la comedia representa los misterios bajo un aspecto que incita a la risa. El
poeta [Virgilio] nos dice que no se sonrojó por habitar los bosques,
lo cual es una alusión al aspecto grosero de la prima materia que, en
efecto, se encuentra en los antros silvestres [...]. Talía era la Musa
de la comedia ligada a los misterios de Baco.»2 Las Musas conducen a los
hombres hacia los secretos iniciáticos; en el Himno órWco dedicado
a ellas se dice: «Vosotras, que disteis a conocer a los mortales los misterios
rituales, [...] venid, por favor, para vuestros iniciados, multicolores y castas,
aportando una emulación gloriosa, deseada y por muchos celebrada.»3
Serie D: Apolo y las Musas
1. Según Ripa, Iconología (cit. en p. 47, n. 58), vol. II, p.
111.
2. «Chromis et Mnasylus in antro», en La Puerta. Tradición
latina, Barcelona, Obelisco, 1995, p. 13.
3. Himnos órWcos, Madrid, Gredos, 1987, p. 229: LXXVI, «A las Musas».
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