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LA TORÁ SEGÚN LOS TEXTOS RABÍNICOS
R. Arola y L. Vert
Feliz el hombre que en la Torá del Señor pone su
deseo. Y en su Torá medita día y noche. Será como
un árbol plantado al lado del agua, que da frutos
a su tiempo, sus hojas no se marchitarán, todo lo
que haga tendrá éxito.
Salmos I, 1.
I. El sentido de la Torá
En un sentido inmediato, la Torá designa al Pentateuco (los cinco libros),
la primera parte de la Biblia, compuesta por: Génesis, Éxodo,
Levítico, Números y Deuteronomio; contiene la narración
de la creación del mundo, la historia primitiva de la humanidad, la de
los Patriarcas y los hebreos hasta su llegada a las fronteras de la Tierra Prometida..
La palabra Torá se traduce habitualmente por ley. (1) Esta
traducción presenta, como veremos, muchas dificultades; probablemente
para los antiguos traductores del hebreo al griego o latín no existía
exclusivamente el sentido moral y preceptivo del vocablo ley, tal
y como hoy en día la entendemos, sino que conocían y utilizaban
el sentido básico de la etimología de la palabra latina lex, es
decir: acuerdo o contrato expreso entre dos personas o grupos,(2)
lo que permitía traducir perfectamente la unión o alianza de Dios
con Moisés en el monte Sinaí; la alianza del hombre con Dios.
(3)
La Torá está escrita y todo el mundo, creyentes y profanos, pueden
acceder a ella; ahora bien, cuando nos acercamos con nuestra propia inteligencia,
con nuestro juicio caído, no podemos descubrir la alianza primogénita
del Sinaí, tan sólo encontramos la ley en su sentido moral, como
preceptos de conducta, una cara exterior que, necesariamente, ha de conducir
al hombre exiliado; su interior se escapa a la comprensión humana.
Rabí Isaac de Corbelensis escribió: «No pienses que la
raíz de la Torá esté escrita, sino al contrario, su misma
raíz es la que está sobre la boca (4) y por la Torá que
está sobre la boca ha sido constituida la Alianza, ya que está
escrito (Ex. XXXIV, 27): Y dijo el Señor a Moisés: Escribe estas
palabras, ya que sobre la boca de estas palabras hice contigo la Alianza; y
he aquí el tesoro del Santo bendito sea, que fue revelado ante su faz
(de Moisés) antes que (el pueblo de) Israel fuese enviado al exilio entre
los otros pueblos y que los otros pueblos tradujeran su libro. Y por eso el
Santo bendito sea, no quiso que fuese escrita». (5) Así pues, el
secreto de la alianza del Señor con Moisés no está escrito
sino sobre la boca, esto significa que ha sido transmitido santamente de maestro
a discípulo, en secreto; todos los pueblos han tenido acceso y han traducido
la Torá escrita, pero no por ello han conocido el sentido profundo de
sus palabras: el misterio del Dios revelado. Aquellos que piensen, judíos
o gentiles, que están en la alianza porque observan las prescripciones
de la ley escrita viven de ilusiones, sólo está en la alianza
el que ha recibido la transmisión secreta de su maestro, la Torá
sobre la boca, esto es: la cábala. (6)
Hay en las palabras hebreas una enseñanza relacionada con su etimología,
la traducción de la palabra Torá por ley es confusa
y parcial; según todos los diccionarios, la palabra Torá procede
de la raíz verbal irah bajo una forma que significa enseñar,
mostrar, instruir, etc... y también tirar
de arriba abajo, regar, precipitar, lanzar,
fecundar. Sobre el primer sentido leemos en el Sefer haZohar (III,
53b): «Abrió Rabí Judá un comentario sobre la Torá
y dijo (Prov. III, 18): Es árbol de vida para quien la consigue. El árbol
de vida es la Torá, que es el árbol superior, grande y potente.
Pero ¿por qué se llama así la Torá? Es debido a
que enseña (iaroh) (7) y desvela lo que estaba oculto y no era conocido.
Y se llama vida debido a que toda la vida superior está incluida en la
Torá y sale de ella»; así pues, parece evidente que la Torá
es la enseñanza y la vida divina.
Junto a esta idea es necesario estudiar qué significa regar,
tirar de arriba abajo, etc..., nos sugiere la idea de una lluvia
del cielo que lava, por esto escribe E. dHooghvorst: «La verdadera
Torá es, pues, un regar, que no deja de tener relación con el
bautismo cristiano». (8) Y en el Sefer haZohar (III, 81a) encontramos:
«Quien se dedica a la Torá es purificado y después santificado».
En el pensamiento tradicional la enseñanza y la purificación están
siempre unidas, (9) no podemos acceder a la instrucción divina si antes
no hemos sido lavados de la mugre que nos envuelve, abriendo así el sentido
divino.
Por poco versados que estemos en estos temas podemos descubrir que aquello
que se enseña y a la vez purifica es la bendición de Dios, el
principio de toda la Obra cabalística o alquímica, el don de Dios,
comienzo de la Alianza. Y como indica el siguiente texto del Sefer haBahir (§
3), la Torá es la bendición: «¿Por qué la
Torá empieza por la letra bet? (10) Porque alude a la palabra berajá
(bendición) que empieza con la misma letra. ¿Y de
dónde sabemos que la Torá está llamada bendición?
Por lo que está dicho (Dt. XXXIII, 23): Y lleno de la bendición
del Señor, que posee el mar y el sur; el mar es la Torá,
ya que está escrito (Jb. XI, 9): Es más vasta que el mar. ¿Y
qué significa lleno de la bendición del Señor?
Significa que en todo lugar en el que se encuentre la letra bet se trata de
un lenguaje de bendición, como decimos (Gen. I, 1): En el principio (Bereshit).
Y no hay principio que no sea la Sabiduría, como está
escrito (Sal. CXI. 10): El principio de la Sabiduría es el temor del
Señor; y no hay Sabiduría que no sea la bendición, puesto
que dice: Y Dios bendijo a Salomón. y qué está escrito
(I Re. V, 26): Y el Señor dio la Sabiduría a Salomón. Esto
es comparable a un rey que une su hijo a su hija y le dice: Haz de ella a tu
gusto».
II. El mundo está creado y se sostiene por la Torá
Desde el punto de vista de la tradición ¡ojalá no
pensáramos que sólo es uno más! el mundo, tal y como
lo conocemos a través de nuestros sentidos embrutecidos, no es el auténtico
creado por Dios; el mundo que nos rodea es una sombra, sería propiamente
el in-mundo, ya que no está realmente creado, es el caos al que le falta
el orden de Dios. El Génesis bíblico no nos habla de la creación
del mundo como lo hace un biólogo o un físico, el Génesis
trata del mundo regenerado, que sólo se produce cuando la palabra de
Dios ordena el caos, cuando interviene la Sabiduría superior; esto es,
la bendición que es el principio del mundo, lo que los cristianos llaman
la bajada del Espíritu Santo, el Espíritu creador. Por eso se
dice que la Torá crea el mundo, pero el mundo real de la alianza del
hombre con Dios.
A continuación veremos dos textos que ilustran perfectamente esta idea,
el primero es del Midrash Rabá y el segundo del Sefer haZohar.
El Midrash comenta las palabras del Génesis (I, 1): En el principio
creó Dios. de la manera siguiente: «Rabí Osahia el grande,
abrió (Prov. VIII, 30): Yo era junto a él obrero (amon), y era,
día a día, sus delicias. (11) Explicación de amon (obrero,
artesano, arquitecto y también instrumento).
Dice la Torá: [...] yo era el instrumento del arte del Santo bendito
sea; en las costumbres del mundo, cuando un rey de carne y sangre construye
un palacio no lo hace según su propio conocimiento sino con el de su
arquitecto (amon), y el arquitecto no lo construye según su propio conocimiento,
sino que dispone de planos y proyectos escritos para saber cómo tiene
que hacer las habitaciones y las puertas. Así, el Santo bendito sea mira
en la Torá y crea el mundo. Y se dice en la Torá (Gen. I,
1): En el principio (reshit) creó Dios, y no hay principio (reshit) sino
es la Torá, según lo que dices (Prov. VIII, 22): El Señor
me poseía en el principio (reshit) de su camino.
En el Sefer haZohar se dice lo siguiente (I, 134a): Rabí Hia abrió
y dijo (Sal. CVI, 2): ¿Quién hablará de las grandezas del
Señor y hará escuchar todas sus alabanzas? Ven y ve, cuando el
Santo bendito sea, mostró su voluntad de crear el mundo, miró
la Torá y lo creó. En cada obra que hizo el Santo bendito sea,
primero contempló la Torá y luego la creó, esto es lo que
está escrito (Prov. VIII, 30): Yo era junto a él obrero, y era,
día a día, sus delicias. No has de leer obrero (amon)
sino instrumento (uman). (12)
Cuando el Santo bendito sea quiso crear al hombre, la Torá le dijo:
Si el hombre es creado y después peca y tú lo juzgas, ¿por
qué hacer las obras de tus manos en vano, pues no podrá soportar
tu juicio? Le contestó el Santo bendito sea: Antes de crear el mundo
establecí la conversión. (13) El Santo bendito sea, le dijo al
mundo en el momento en que éste fue creado y que fue creado el hombre:
Mundo, mundo, tú y tus obras no subsistiréis sino es sobre la
Torá, y por esto creé al hombre, a fin de que se dedicara a ella.
Y si no se dedica a la Torá lo haré volver al caos y al vacío.
Así, todo subsiste a causa del hombre, según lo que está
escrito (Is. XLV, 12): Yo he hecho la tierra y sobre ella he creado el hombre.
Y la Torá pregona a los hombres que se dediquen y se esfuercen en ella,
pero nadie escucha con atención.
Ven y ve: todo aquel que se dedica a la Torá hace subsistir el mundo
y todas las obras, hasta su restauración verdadera. Y no hay ningún
miembro en el hombre que no esté conforme a la creación del mundo;
pues verdaderamente el hombre está dividido en miembros relacionados
de tal manera que forman un solo cuerpo; así también es el mundo,
donde toda la creación está dividida en miembros relacionados
unos con otros, de tal manera que forman un solo cuerpo, y todo está
hecho según el modelo de la Torá, pues verdaderamente la Torá
incluye varios miembros y divisiones, y cuando están reunidos forman
un solo cuerpo. Cuando David contempló esta obra abrió la boca
y dijo (Sal. CIV, 24): ¡Cuán grandes son tus obras, Señor!
Las has hecho con sabiduría, la tierra está llena de tus posesiones.
En la Torá están todos los secretos superiores, que ningún
hijo de hombre puede comprender; en la Torá están todas las cosas
superiores, las reveladas y las no reveladas; en la Torá están
todas las cosas de arriba y de abajo; todas las cosas de este mundo y todas
las cosas del mundo por venir están en la Torá y nadie puede unirlas
y conocerlas. Debido a esto, está escrito (Sal. CVI, 2): ¿Quién
hablará de las grandezas del Señor y hará escuchar todas
sus alabanzas?.
Ven y ve. Vino Salomón y quiso dominar sobre las palabras de la Torá
y sus sutilezas, pero no pudo; entonces dijo (Ecl. VII, 23): Quiero hacerme
sabio pero la sabiduría está lejos de mí. David dijo (Sal.
CXIX, 18): Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu Torá.
Ven y ve. Está escrito sobre Salomón (1Re. V, 12): Dijo tres mil
parábolas y sus cantos fueron cinco mil, y ya ha sido explicado que en
cada una de las parábolas existen cinco mil sentidos y si esto es así
en Salomón que es de carne y de sangre, como será en cada una
de las palabras de la Torá que han sido dichas por el Santo bendito sea,
ya que en cada una hay tantas parábolas, tantos cantos, tantas alabanzas,
tantos secretos superiores, tanta sabiduría; es sobre esto que está
escrito: ¿Quién hablará las grandezas del Señor?».
III. La Torá y la vida
En numerosos textos del Talmud encontramos la extraña afirmación
de que la Torá da la vida a quien se dedica a ella; si analizamos esta
afirmación desde fuera de la tradición podemos pensar que se trata
de una metáfora o un recurso poético, pero cuando Dios quiere
darnos un poco de su inteligencia y nos acompaña en nuestro estudio,
comprendemos que se trata de la revelación auténtica, del misterio
de la regeneración del hombre. Para aquel que recibe el don de la Torá
en sus entrañas, (14) ésta se convierte en el elixir de vida que
no se acaba, es el fruto puro, sin mezcla. En un Midrash está escrito:
«¿Cómo se debe entender el texto de Ex. XV, 26: Yo soy el
Señor, tu medicina? El Santo bendito sea, le dijo a Moisés: Haz
saber a Israel que la Torá que yo le he dado es una medicina, un elixir
de vida, como está escrito (Prov. IV, 22): Pues es vida para quien
la encuentre». (15)
El don de la Torá es, como hemos dicho, el principio (reshit) que crea
el mundo y lo sostiene, y también, obviamente, el principio que crea
al hombre nuevo. Este don es lo único que, adquirido aquí abajo,
nos podemos llevar al otro mundo, por eso su valor supera cualquier riqueza
que podamos obtener. En un texto de la Misná está escrita la siguiente
enseñanza al respecto (Abot VI, 9): «Rabí Yosé ben
Quismá dijo: En una ocasión iba yo de camino y un hombre me encontró;
me saludó y le devolví el saludo. Me dijo: Rabí ¿de
qué lugar vienes? Le respondí: De una gran ciudad de sabios y
escribas (dando a entender que se había marchado de allí por falta
de dinero). Me dijo: ¿Quieres venir a residir con nosotros, en nuestro
pueblo? Te daré millares de denarios de oro y de piedras preciosas. Le
contesté: Hijo mío, aunque me dieras toda la plata, todo el oro
y todas las piedras preciosas que hay en este mundo, no residiría sino
en el lugar de la Torá, porque en el momento en que el hombre muere no
le acompañan la plata ni el oro ni las piedras preciosas, sino exclusivamente
la Torá y las buenas acciones, tal como está escrito (Prov. VI,
22): Cuando camines, te guiará; cuando yazcas acostado te custodiará,
cuando te despiertes hablará contigo?. Esto significa: Cuando camines
te guiará en este mundo; cuando yazcas acostado te custodiará
en el sepulcro; cuando te despiertes hablará contigo en el
mundo por venir. Así está escrito en el Libro de los Salmos, (XIX,
72): Prefiero la enseñanza la de tu boca que millares de oro y plata.
Está escrito también (Ag. II, 8): Mía es la plata, mío
es el oro, dice el Señor de los ejércitos.
En el Sefer haZohar no sólo se considera que la Torá da la vida,
sino también que ella misma es la vida; a propósito de ello está
escrito (III, 148b): «Feliz es la suerte de Israel, pues, el Santo bendito
sea, le quiere y le dio la Torá verdadera, el Árbol de la Vida,
gracias al cual el hombre adquiere la vida en este mundo y en el mundo por venir.
Pues aquel que se esfuerza en adquirir la Torá tiene para él la
vida y aquel que abandona las palabras de la Torá y se separa de ellas,
es como si se separase de la vida, debido a que la Torá es la vida y
todas sus palabras son vida, como está escrito (Prov. IV, 22): Pues ellas
son vida. Y también (Prov. III, 8): Medicina para tu carne. Ven y ve:
(la Torá) es el Árbol de la Vida que se extiende de arriba hacia
abajo y es el Sol que todo lo ilumina; su luz empieza en la cabeza y se extiende
por el cuerpo del árbol en un camino recto»
Esta vida, la única fuente de la salvación del hombre, viene
directamente de Dios; en este sentido, el texto que acabamos de ofrecer del
Sefer haZohar, relaciona la vida con la luz, la luz primordial que es la manifestación
de Dios, su divinidad, lo que podríamos llamar el manto con el que Dios
se cubre y se manifiesta al salir de su silencio incognoscible; e incluso se
podría decir que es su santo cuerpo que tiene ya un Nombre, (16) su voluntad
aparecida. En el Midrash Rabbá (Bereshit IV, 4) Rabí Simeón
ben Yotzadac pregunta a Rabí Samuel bar Najman: «He oído
decir que eres un maestro de la Agadá, así (enséñame)
¿a causa de qué ha sido creada la luz? Le respondió: El
Santo bendito sea, se envolvió (de la luz) como de un manto e hizo brillar
su esplendor de un confín a otro del mundo. Esto es lo que está
dicho en Sal. CIV, 2: El que se cubre de luz como vestidura». Esta luz
es la Torá. (17)
La necesidad del estudio y la dedicación a los textos sagrados es porque
nos conectan directamente con esta luz de vida, con Dios y su voluntad, ofreciéndonos
este cuerpo místico como alimento. En El Mensaje Reencontrado está
escrito (XXXIII, 5): Comiendo el cuerpo de Dios es como seremos renovados y
transformados en la vida santa. Toda la búsqueda del hombre, su esfuerzo
y empeño carecen de sentido si no se alimenta de este fruto del Árbol
de Vida. En el Sefer haZohar encontramos lo siguiente (II, 62a): «El más
preciado de todos los alimentos es el de los estudiosos que se dedican a la
Torá, ya que es el alimento que viene de la Sabiduría superior.
El sabor que viene de ese lugar se debe a que la Torá sale de la Sabiduría
superior y los que se dedican a la Torá entran en la misma esencia de
la Sabiduría y su alimento proviene de este lugar santo. Vino Rabí
Eleazar y besó la mano de Rabí Simeón y dijo: Feliz la
suerte de quienes escuchan estas palabras, feliz la suerte de los que meditan
día y noche sobre la Torá ya que son dignos de este mundo y del
mundo por venir, como está escrito (Dt. XXX, 20): Pues es tu vida y la
luz de tus días».
El sentido de este apartado podría quedar resumido en las siguientes
palabras del Sefer haBahir (§ 185): No sólo de pan vivirá
el hombre, sino de todo aquello que sale de la boca del Señor (Dt. VIII,
3); lo que sale de la boca del Señor es la Torá, es de ella que
vive el hombre.
IV. El nombre de Dios
Cuando un profeta verdadero se manifiesta en el mundo, su voz anima la letra
escrita de la Torá; entonces ésta se despierta una vez más,
siendo reencontrado su mensaje y realizada su obra por la absorción de
su fruto de vida. Por medio de las palabras del profeta, el Santo bendito sea
puede hablar; por eso sólo cuando se manifiesta un verdadero profeta
se renueva la auténtica alianza del hombre con Dios.
La raíz de las palabras proféticas es divina, por eso están
realmente vivas y son creadoras en todos sus sentidos, creando aquello que nombran.
Son el auténtico alimento para las criaturas y el mundo.
Así, en la palabra profética, la Torá escrita y la Torá
sobre la boca se unen en una misma cosa: son el nudo que liga el cielo con la
tierra. Isaac el Ciego comentaba una sentencia del Midrash Tanhuma (I, 1) del
modo siguiente: «La Torá ha sido escrita con fuego negro sobre
fuego blanco», relacionando la Torá escrita con el fuego blanco,
en la que las formas de las letras no son todavía visibles, sino a partir
de que reciben los puntos vocálicos o la potencia del fuego negro, que
es la Torá sobre la boca; sin ella la Torá escrita no puede ser
realmente comprendida. (18)
Vemos que la Torá sobre la boca es la ayuda idónea para comprender
a la Torá escrita, una necesita la otra; separadas son poco, unidas lo
son todo. En el Sefer haZohar (I, 48b) se relaciona la creación de la
mujer del Génesis, quien es la ayuda idónea para el hombre, (19)
con la aparición de la Torá sobre la boca, que es la ayuda idónea
para comprender la Torá escrita. Este texto es un comentario a (Gn. II,
22): Y el Señor Dios construyó el costado que había tomado
del hombre; el costado, Eva, representa la Torá sobre la boca, que primero
es un espejo que no brilla y que más tarde se esclarecerá, después
el texto prosigue: «El versículo del Génesis dice: El Señor
Dios (Adonai Elohim); lo que alude al secreto del nombre completo, es decir,
en la creación de Eva se unen los dos aspectos de Dios, los dos lados
se juntan en el centro, los dos lados llamados Hojmá y Biná».
(20)
¿Qué significa esto? Para explicarlo debemos recordar una idea
fundamental del pensamiento de los sabios hebreos: a causa de la primera caída,
el Nombre de Dios quedó dividido en dos partes; una de ellas reposa escondida
en el fondo del hombre; encarcelada y olvidada; la otra parte, sutil y sin lugar,
permanece errante en el cielo. La obra de la cábala consiste en volver
a unir el Nombre. La misma idea se puede explicar como el retorno del hombre
primordial que era hermafrodita y que, por la transgresión, fue separado
en dos sexos. Cuando el Sefer haZohar se refiere a que la creación de
Eva está hecha con el Nombre completo, alude a la reunión de las
dos partes separadas, a la restauración del Nombre; también se
refieren a lo mismo, los textos que tratan de la unión de la Torá
escrita y la Torá sobre la boca.
La tradición nos explica (21) que el conjunto de la Torá es como
el desarrollo del Nombre de Dios, que cuando se sabe leer correctamente con
la ayuda idónea el texto de Moisés; se sabe que toda la
Torá, es el Nombre de Dios; está escrito en el Sefer haZohar (II,
124a) lo siguiente: «Todo aquel que observa las palabras de la Torá
y se dedica a ellas, es como si observase al Nombre Santo. Hemos aprendido que
la Torá, toda ella, es el Nombre del Santo bendito sea y quien se dedica
a ella es como si se dedicase al Nombre Santo; la Torá entera es un solo
Nombre Santo, el Nombre Supremo, el Nombre que incluye todos los demás
nombres. De ahí que aquel que hace desaparecer una sola letra de la Torá
deteriora el Nombre Santo; por esto las palabras (Dt. XIII, 13): No mencionaréis
el nombre de otros dioses, se explica como que no añadiréis nada
a la Torá ni suprimiréis nada de ella, pues se deteriora el Nombre
Santo y se fortalecen los otros dioses». (22)
He aquí un gran misterio, la Torá que primero es la bendición
del cielo, se convierte en el fruto maduro de la obra de Dios; en el Sefer haBahir
(§ 196), está escrito: «(La Torá) es una novia ataviada
y coronada, que incluye todos los mandamientos que son su tesoro, y ella misma
es la novia del Santo bendito sea, como está escrito (Dt. XXXIII, 4):
La Torá que Moisés nos ha dado es una herencia para la asamblea
de Jacob, no debes leer herencia sino novia. ¿Cómo
se entiende esto? Cuando Israel se dedica a la Torá por ella misma, ella
es la novia del Santo bendito sea y en el momento en que ella es la novia del
Santo bendito sea, entonces la herencia es para Israel».
Esta herencia es la generación santa, (23) conocido en términos
de la gnosis cristiana como regeneración, (24) a ella se refieren los
siguientes versos de David (Sal. CXII, 2): Poderosa sobre la tierra será
su descendencia, la generación de los hombres rectos será bendecida.
El Midrash haGadol precisa quiénes constituyen la generación
de los hombres rectos; dice así (Com. a Gén. XVIII, 1):
«Son los tres patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) quienes enderezaron
el mundo y unificaron el Nombre del Santo bendito sea, públicamente.
Por ello el Santo bendito sea pone su Nombre sobre ellos, en sus generaciones,
ya que está escrito (Ex. III, 15 y IV, 5): Dios de Abraham, Isaac y Jacob».
El texto que veremos a continuación corrobora que el Nombre del Santo
bendito sea, y su pueblo son una misma cosa, es el principio de la Carta sobre
la Santidad (25): «Debes saber y comprender que la nación de Israel
ha estado separada (de los otros pueblos) y unida al Nombre bendito sea. Ha
estado separada de las naciones por su santa Torá, de igual manera que
Él (el Santo bendito sea) está separado de todo lo que está
fuera de Él. Como Él mismo ha dicho (Is. XLIII, 21): ESTE pueblo
que he formado para Mí; se dice en este versículo: ESTE
pueblo y en otro lugar (Is. XLIII, 24):ESTE Nombre. La palabra ESTE
que se encuentra en ambos versículos presenta una analogía semántica,
(26) por eso decimos: Tú eres uno y Tu Nombre es uno, y ¿quién
es como tu pueblo Israel, nación UNA sobre la tierra?
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(1): La ley mosaica es extremadamente minuciosa y sutil; está constituida
por 613 preceptos de los cuales 365 son prohibitivos de «no harás»
y 248 son positivos de «harás».
(2): Cf. Dictionnaire Etimologique de la Langue Latine de A. Ernout y A. Meillet.
(3): Cuando hablamos de la Torá debemos tener en cuenta que estamos
hablando del Libro sagrado de los hebreos, pero también de todos los
Libros sagrados ya que todas las Santas Escrituras responden a un mismo misterio
intemporal y que, no obstante, se viste de diferentes ropajes según la
época y las circunstancias históricas. En este sentido leemos
en el Corán (II, 136): Decid: Creemos en Dios y en lo que se nos ha revelado,
en lo que se reveló a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus; en
lo que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor.
No distinguimos a ninguno de ellos y nos sometemos a Él.
Asimismo, en El Mensaje Reencontrado podemos leer (XV, 50): Ninguna palabra
de Escritura santa contradice, de hecho, la palabra de otra Escritura santa.
Así, Dios aparece múltiple en personas, pero, sin embargo, es
único en acto y en reposo, siendo el Ser por excelencia, es decir, el
Primero y el Último en todo.
(4): La Torá sobre la boca es la traducción literal
de Torá bealpé; su traducción literaria sería Torá
oral y designa el conjunto de enseñanzas de los maestros cabalistas
que se refieren al Pentateuco.
(5): Texto citado por Buxtorf, profesor de la Universidad de Basilea en el
siglo XVII, en su obra sobre el Talmud: Brevis Resensio.
(6): Cábala, de la raíz verbal quibel que significa recibir,
tomar, acoger, etc... La cábala en su sentido
tradicional alude a la transmisión, a la recepción del don divino
(la Torá) del Sinaí y su transmisión a través de
las generaciones. Cf. El artículo de EH, Rehaz el barro y cuécelo,
LA PUERTA nº 8.
(7): Moreh procede de la misma raíz verbal que Torá; es la forma
hifil del verbo Irah cuyo significado ya hemos señalado; en su forma
sustantiva significa maestro, guía, instructor,
etc...
(8): Le Fil dAriane, núm. 1, p. 33.
(9): Ver Corán (II, 129): ¡Señor! Suscita entre ellos a
un Enviado de su estirpe que les recite Tus Aleyas y les enseñe la Escritura
y la Sabiduría y les purifique. Tú eres el poderoso, el Sabio.
Y también El Mensaje Reencontrado (XXXIV, 3): La vía del Altísimo
es una vía que lava y que siembra, ¿lo sabíais?
(10): La narración de la creación del mundo en el Génesis
empieza por la palabra Be-reshit (en el principio), que tiene como
inicial la letra bet. En el Sefer haZohar (I, 3a) encontramos lo siguiente:
La letra bet se presentó delante del Santo bendita sea, y le dijo: Dueño
del mundo, que sea de tu agrado crear el mundo a partir de mí, ya que
es gracias a mí que se te bendice (baruj) en lo alto y en lo bajo.
(11): En la cita de Proverbios es la misma Sabiduría quien habla, equiparándose
al principio (reshit); como ya hemos visto, en la exégesis
hebrea, el Principio, la Sabiduría y la Torá son lo mismo; a tal
respecto es muy interesante leer el Libro de los Proverbios del versículo
22 al 30 del capítulo VIII.
(12): La exégesis hebrea, recurre a menudo a este proceso de cambio
de las vocales partiendo de las mismas consonantes. En efecto, el alfabeto hebreo
solamente comprende las consonantes. Las vocales de la Biblia fueron fijadas
por los masoretas entre los siglos VII y VIII d. de J.C.; esto permite a los
verdaderos cabalistas prestar otras vocales a determinadas palabras otorgándoles
un sentido distinto.
(13): Teshuva: conversión, arrepentimiento,
retorno a Dios, etc. alude al proceso que el hombre caído
debe seguir en su regreso al Paraíso Original y que sólo puede
hacerse bajo el impulso de la Torá. En el Sefer haZohar, se denomina
a la sefirá Biná, teshuva, y también Madre.
(14): En Jeremías (XXXI, 33) leemos: Pondré Mi Torá en
sus entrañas y sobre sus corazones la escribiré y Yo seré
su Dios y ellos serán Mi pueblo. Tenemos que entender que el don de la
Torá es algo sensible. Las delicias de la Torá penetran en las
entrañas y en el corazón de quien recibe.
(15): Citado por Rabí Hayyim de Volozhyn en LAme de la Vie, ed.
Verdier. Lagrasse, 1980, p. 244.
(16): Véase el Tao-Te-King (§ I): Siendo innombrable concibió
el cielo y la tierra. Después de que esta forma su hubiera vuelto nombrable
(o con nombre) dio nacimiento a todos los seres.
(17): En el Midrash Rabbá (Bereshit III, 5) se relacionan las cinco
veces que está mencionada la palabra luz en el primer capítulo
del Génesis, con los cinco libros del Pentateuco, de la forma siguiente:
Y Dios dijo ¡que sea la luz!, es el Génesis; Y
la luz fue, Éxodo; Dios vio que la luz era buena, Levítico;
Y separó la luz de las tinieblas, Números; y Dios
denominó a la luz día, Deuteronomio.
(18): Ver G. Scholem La Cábala y su simbolismo, ed. Siglo XXI, Madrid,
1979, p. 54.
(19): Adán buscaba entre todos los seres de la creación, una
ayuda conforme a él y no la encontró, entonces Dios mismo construyó
esta ayuda del costado de Adán; el hombre al verla la reconoció
y dijo (Gén. II, 23): Ésta, (zot) esta vez, es hueso de mis huesos
y carne de mi carne, y la exégesis hebrea relaciona Esta (zot)
con (Dt. XXXIII, 1): Ésta (zot) es la bendición, y también
con (Lev. VII, 37 y XIV, 54): Ésta (zot) es la Torá.
(20): Según el Sefer haZohar las seforot Hojmá y Biná
representan las dos columnas del árbol, Hojmá (Adonai) es la columna
de la derecha y representa el aspecto de la Misericordia, y Biná (Elohim)
es la columna de la izquierda y representa el aspecto de Rigor. Cuando se produce
la reunificación de los dos lados, la columna del centro, la Justicia,
empieza a brillar; ésta es la vía del Justo, el eje del mundo
regenerado; es el Tetragrama vocalizado con las vocales de Elohim. Y como dice
J. Gikatilla en sus Puertas de Luz, (cap. V): Aprende que la Torá es
el secreto de este Nombre y está denominado (IHVH) Tetragrama y por esto
está dicho que la Torá de (IHVH) es perfecta.
(21): Véase por ejemplo la traducción de J.M. Rotger del texto
de Gikatilla y la traducción de L. Montblanch del texto de Rambán,
publicados en este mismo ejemplar.
(22): Ver al respecto el Evangelio de Mateo (V, 17-18): No penséis que
he venido a abolir la Ley (la Torá) o los profetas; no he venido a abolirla,
sino a llenarla. Porque en verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la
tierra, ni una iota, ni una tilde de la Ley (Torá) pasarán hasta
que todas las cosas sean hechas.
(23): Rambán comenta el pasaje de Génesis (V, 1): Este es el
libro de las generaciones de Adán, diciendo: Se trata de los hijos de
quienes se habla en Dt. XXXIII, 1: Estas son las bendiciones con las que
antes de morir, bendijo Moisés a los hijos de Israel. Según
mi saber alude a toda la Torá, ya que la Torá entera es el Libro
de las generaciones de Adán.
(24): Clemente de Alejandría escribe en su Extractos de Teodoto (A,
25-2): Los Apóstoles (dijo Teodoto) han sido substituidos por los doce
signos del Zodíaco; ya que así como la generación está
regida por éstos, la regeneración está regida por los Apóstoles.
Así pues, es la Gnosis lo que resuelve la oposición entre generación
y regeneración.
(25): Texto atribuido a J. Gikatilla y publicado en francés por ed.
Verdier, Lagrasse, 1986, p. 225.
(26): En otra versión, la analogía semántica se refiere
a la palabra UNO relacionando Israel y el Nombre de Dios y está dicho
(Zohar II, 90b): Ya que aquel que toma parte en la Torá tiene el privilegio
de tener parte en el Santo Nombre. Rabí Iosí dijo: Es en el santo
bendito sea en quien tiene parte, ya que Él y Su Nombre son UNO. Bendito
sea Su Santo Nombre por siempre jamás.
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