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LA
ORACIÓN
Carmen de la Maza
Orar es tener
conciencia inmediata de nuestro religamiento divino. Es
adentrarse firmemente en la sutilidad de lo perenne y eterno para
encarnarlo, para asumirlo, en ese fugaz instante que enhebra
continuamente nuestra vida.
San Agustín
Se podría hablar de la oración y
de la plegaria como intentos locos e irracionales de establecer
la unión perdida entre dos partes de una misma naturaleza
divina, una dormida en el corazón del hombre y la otra despierta
y floreciente, pero exterior a él.
La plegaria surge del recuerdo
ancestral que cada hombre posee en su interior, de la experiencia
de dicha naturaleza, más o menos velado según el espesor de la
capa de corrupción que nos separa de ella.
La nostalgia de la patria perdida
ha impulsado al hombre de todos los pueblos a dirigirse a la
divinidad mediante la oración.
Pero ¿cómo orar?, ¿cómo
realizar este intento vital? Observemos el fenómeno físico de
imantación que ciertos metales, como el hierro, poseen. Su
acción de imantación es irracional, constante, direccional y
exenta de fluctuaciones, resultando efectos de respuesta en
materiales de su misma naturaleza.
Con el hombre, al ser hecho «a
imagen y semejanza» su Creador, ocurre lo mismo y la oración
es, en cierto modo, un intento de orientación hacia Él.
Las oraciones que ofrecemos a
continuación provienen de tres tradiciones diferentes.
La primera de ellas procede de una
antología de dichos de los hassidim (1) y expresa, de
manera directa y cruda, la máxima preocupación de un hassid,
discípulo de Rabí Nahman de Bretzlav.
La segunda es más un poema que
una oración, y expone, en pocas líneas, la esencia de la
doctrina de Ibn Arabí.
La tercera ha sido tomada de un
curioso libro escrito en el siglo XX (2), y hemos pensado que es
una plegaria importante, como ella misma nos lo señala.
«Tú sabes Maestro del Universo,
la extensión de mi ignorancia, pues ni yo mismo se si voy a
morir un día. Ayúdame. Haz que lo sepa, que sea consciente de
ello. Haz que sepa que la muerte me espera y que no le escaparé,
que estaré solo para afrontarla; solo, sin amigos, sin nadie,
solo y abandonado por mis recuerdos, deseos y pasiones. Haz que
esta imagen me penetre. La imagen amarillenta de un cadáver
enfadado.
Oración del hassid
«Hubo un tiempo en que tomaba a
mal a mis compañeros el que su religión no fuera parecida a la
mía.
Pero ahora mi corazón adopta
todas las formas; es pasto para gacelas y convento para monjes,
un templo para los idólatras y una Kaaba para los peregrinos,
las tablas de la Torah y el sagrado libro del Corán.
Sólo el amor es mi religión, y
adonde quiera que cabalguen sus corceles, él es mi religión, y
adonde quiera que cabalguen sus corceles, él es mi religión y
mi fe».
Ibn Arabí
«Hay una plegaria importante y
urgente que debemos repetir todos los días de nuestra vida
exiliada: Libéranos, Padre Todopoderoso, de la mugre inmunda que
nos sumerge por todas partes, a fin de que resplandezcamos de
nuevo en tu pureza, y fecúndanos de tu santo amor a fin de que
seamos fijados en ti por la eternidad. Amén».
Louis Cattiaux
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(1). Celebration Hassidique
de Elie Wiesel.
(2). El Mensaje Reencontrado
de Luis Cattiaux. Arola Editors, Tarragona.
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