|
LOS
TAROTS I
E. H.
Traducción de S.
d'Hooghvorst
Vio el conjunto de las cosas,
y habiendo visto,
entendió...
Las cosas que conoció las grabó,
y habiéndolas grabado,
las ocultó...
a fin de que toda generación tuviera que buscarlas.
HERMES TRISMEGISTO (1)
¿Quién no ha aguijado nunca los
tarots? El método es conocido: el consultante baraja las cartas,
luego, las saca una por una de la pila. Entonces, el intérprete
las coloca en un cierto orden y en ellas lee el porvenir según
misteriosas reglas adivinatorias, Si el intérprete, a menudo una
mujer, está dotado y tiene experiencia, se pueden sacar curiosas
verdades de esta consulta. Lo hemos experimentado. Esta clase de
adivinación se llama «cartomancia», en la cual las cartas
sirven de soporte a un tipo de videncia natural para la que
algunas personas están dotadas.
La cartomancia es un procedimiento
muy ampliamente difundido en el mundo, ya que existen antiguas
cartas chinas, indias e incluso musulmanas. De entre todos los
juegos de tarot, el más conocido en nuestros países es el
antiguo tarot de Marsella,(2) llamado también tarot de los
Bohemios. De este juego nos ocupamos sobre todo en este estudio.
Pero, la simple cartomancia vulgar
no lo explica todo. Ante la complicación de estos dibujos, cabe
la pregunta de saber con qué intención estas cartas fueron
primitivamente concebidas. Considerándolas atentamente, ¿no nos
encontramos ante un mensaje de alcance más profundo y esencial?
El origen de la palabra «tarot»
es mal conocido. El adjetivo taroté (3) se refiere a
cartas cuyo dorso está marcado de gris en compartimentos. (4)
Pero, taroté se decía antiguamente de «una superficie
dorada con hojas, cuando estaba troquelada o grabada con un
estilete o un punzón para imprimir un dibujo en el oro. Los
fondos de los primeros tarots iluminados eran obtenidos de esta
manera.» (5) Uno de los más antiguos juegos de tarot que se
conocen, el tarot de Visconti (siglo XV, Milán), nos muestra, en
efecto, personajes pintados sobre hojas de oro «tarotadas»,
como podemos observar en la figura 1. (6)
Estas láminas de oro grabadas y
pintadas, ¿acaso no hacen referencia a esta filosofía del Oro
Sabio, u Oro del Templo, de la que ya hemos tenido oportunidad de
hablar, y por la cual los profetas profetizaron?
Nos encontraríamos, pues, ante un
mutus liber, que los antiguos imagineros nos habrían
transmitido bajo el velo de la cartomancia. Al menos, tal parece
haber sido la intención del Adepto desconocido que grabó con
tanto cuidado las láminas del tarot de Marsella.
Ya en el siglo XVIII, el ministro
protestante francés Antoine Court de Gebelin (1725-1784) fue uno
de los primeros en presentir en sus escritos la verdadera
naturaleza de los tarots.
«Si se oyera anunciar
--escribía-- que aún existe hoy en día una obra de los
antiguos egipcios, uno de sus libros escapado a las llamas que
devoraron sus espléndidas bibliotecas, todos estarían
impacientes por conocer un libro tan precioso, tan
extraordinario. No obstante, el hecho es muy cierto, este libro
egipcio, único resto de sus espléndidas bibliotecas, existe hoy
en día; incluso es tan común que ningún sabio se ha dignado
ocuparse de él, nadie, antes de nosotros, habiendo sospechado su
ilustre origen. Este libro está compuesto de LXXVII hojas o
imágenes, incluso LXXVIII, (7) dividido en V clases. Este libro
es, en una palabra, el juego de los tarots.»
Nuestro autor sabía bien de qué
se trataba. Añade, un poco más lejos:
«... efecto necesario de la forma
frívola y ligera de este libro que le ha permitido triunfar
sobre todas las épocas y llegar hasta nosotros con una
frivolidad poco común; la misma ignorancia en la cual hemos
estado, hasta ahora, acerca de lo que representaba, ha sido un
acertado salvoconducto que le ha permitido atravesar
tranquilamente todos los siglos sin que se haya pensado en
hacerlo desaparecer...» (8)
Así pues, el uso que se ha hecho
de ellos ha salvado de la desaparición a nuestros preciosos
tarots.
Especifiquemos ahora en qué
sentido convendría entender una cartomancia original que fuera
como el reflejo de la Gran Obra. Si se ha acabado considerando a
los tarots como un medio para prever el porvenir, en el sentido
vulgar de la palabra, es a causa de una especie de amputación de
su principio, ignorando la intención primitiva de los
imagineros.
La adivinación vulgar ya no es
más que la cáscara vacía de la antigua predicción o profecía
cuya función no es anunciar lo que acontecerá mañana o pasado
mañana, sino decir el mundo por venir o edad de oro, lo cual es
muy distinto. Es únicamente en esta última perspectiva como
convendría estudiar los libros proféticos. Ocurre,
generalmente, que el profeta, en el anuncio o descripción de
esta edad de oro, llegue, de modo natural, a describir la
disolución de la edad de hierro, es decir, de este mundo. La
finalidad de la profecía sólo radica en el único misterio de
la regeneración del mundo.
Tirar las cartas es decir la
suerte o la buenaventura, ¡lo cual traduce muy exactamente el
sentido de la palabra griega Eleusis!
Así pues, la intención de los
antiguos imagineros era ver en los tarots la imagen de un cielo
terrestre llamado también firmamento o espejo de oro, el cual
los profetas han examinado. Por esta razón los han concebido
como láminas «tarotadas»,«doradas a la hoja, troqueladas o
grabadas con un estilete para imprimir mejor un dibujo sobre el
oro». Seguidamente, animaron sus dibujos, coloreándolos.
Ocupémonos, primeramente, de
nuestras láminas de oro dibujadas. Con el tiempo, las hojas de
oro han desaparecido de estos grabados, pero la intención ha
permanecido la misma.
¿Acaso no se dice comúnmente las
láminas del Tarot?
Precisamente, volveremos a
encontrar estas láminas, calificadas de celestes, en el texto
hebreo de la Biblia, leyendo la descripción del segundo día de
la creación, la creación del firmamento. La palabra latina
firmamentum evoca una idea de solidez.
En efecto, leemos en Génesis
I, 6: «Y Elohim dijo: Que haya un firmamento en el seno de las
aguas». La palabra traducida por «firmamento» se dice en
hebreo Raky'a, y proviene de una raíz (reish, kof,
ayin), que significa extender, pero el verbo también tiene
el sentido de extender y colorear en azul. He aquí dos ejemplos:
En Números XVII, 3: «De
los incensarios de esta gente, pecadores contra sus vidas, se
harán láminas finas [hebr.: Reku'im: extendidas con
martillo] para revestir el altar».
En Exodo XXXIX, 3: «Y
extendieron [hebr.: vairke'u: laminaron] láminas de
oro». Aquí se trata de la confección del tahalí del gran
sacerdote, hecho con hilos de oro, azul, púrpura, escarlata y
lino fino (como adamascado, según la traducción del rabinato
francés). Notemos que encontramos aquí, en este tahalí, los
colores principales de las láminas de los tarots: oro, azul,
rojo.
También Virgilio, en la Eneida,
nos ha hablado de láminas de oro martilleadas, en el sexto canto
de su poema (verso 136 y ss.). Se trata de este famoso ramo de
oro, del cual, en el curso de su descenso a los Infiernos, el
héroe ha de apoderarse para llegar a sus fines:
| Latet
arbore opaca |
| aureus
et foliis et lento vimine ramus |
| lunomi
infernae dictus sacer... |
| «Se
esconde en un árbol frondoso una rama dorada |
| cuyas
hojas y tallo son maleables [lento: extendidas |
| bajo el
martillo]; se dice que está consagrado a Juno
infernal...» |
Los tarots de Marsella están
compuestos de LXXVIII láminas. Primeramente, se encuentran las
cuatro series del juego de cartas ordinario, pero cuyos símbolos
son distintos: las copas (correspondientes a los corazones), los
oros (a los diamantes), los bastos (a los tréboles) y las
espadas (a las picas), numeradas de uno a diez. Se han añadido
cuatro triunfos, en vez de tres en el juego de cartas: el Rey, la
Dama, el Caballero y la Sota. (9) Pero a estas cuatro series del
juego de cartas, el tarot añade una quinta, compuesta de
veintiuna cartas llamadas láminas mayores o triunfos y numeradas
de I a XXI.
He aquí la lista:
| I El Mago |
XI La Fuerza |
| II La Papisa |
XII El Ahorcado o El
Colgado |
| III La Emperatriz |
XIII Lámina sin nombre
(representado la muerte) |
| IV El Emperador |
XIV La Templanza |
| V El Papa |
XV El Diablo |
| VI El Enamorado |
VIX La Torre |
| VII El Carro |
XVII La Estrella |
| VIII La Justicia |
XVIII La Luna |
| IX El Hermitaño |
XIX El Sol |
| X La Rueda de la Fortuna |
XX El Juicio |
| |
XXI El Mundo |
Sin embargo, dos de estas láminas
fueron introducidas en el juego posteriormente. No son de la
misma factura y no tienen ningún sentido jeroglífico; son el
Emperador y la Emperatriz, que representan en cartomancia, al
consultante o a la consultante. Retirándolas del juego, nos
quedarán diecinueve láminas mayores.
En cuanto a la última carta, el
Loco, está excluida del orden de los números y, por
consiguiente, de la creación. Es el comodín del juego de cartas
usual. Se interpreta como el hombre perdido en este mundo, y que
no tomará parte en el mundo por venir.
La sencillez de estos dibujos no
es más que aparente. Un examen atento nos muestra una gran
minuciosidad en el trazo, como si el autor, incluso en los
mínimos detalles, hubiese querido transmitir un mensaje preciso;
se encuentran extrañezas inexplicables a primera vista, errores
de dibujo que parecen haber sido hechos adrede, pequeños
detalles inesperados ejecutados cuidadosamente. En realidad, el
autor ha mostrado ser un grabador (10) experto, sutil y
talentoso.
He aquí algunos ejemplos:
- Un caballero sostiene una copa;
examinando atentamente el dibujo, nos damos cuenta que en
realidad no la sostiene, sino que está como suspendida en el
aire al lado de su mano tendida (el caballero de copas).
- Las ruedas del carro están, en
realidad, opuestas, en vez de ser paralelas, de manera que el
carro no puede avanzar en el sentido en que es arrastrado
(lámina VII).
- ¿Por qué la lámina novena es
llamada el «hermitaño»? (11) ¿No debería ser el ermitaño?
- Algunos personajes sostienen una
espada sin guarnición (reina de copas).
Dejamos a la atención del lector
el poder hacer otros descubrimientos de este tipo. Pero daremos
un poco más adelante una interpretación muy completa de una de
estas láminas, la lámina XVI, en la cual veremos que ningún
detalle era inútil.
Sin embargo, los tarots son
grabados coloreados, es decir , animados.
En los tarots de Marsella, los
colores no han sido escogidos al azar, sino que se refieren todos
a una realidad oculta.
Hay, en primer lugar, tres colores
principales: el azul, el oro y el rojo. El azul indica el
espíritu, el oro el cuerpo y el rojo el sentido. Pero son
equívocos; así, el azul significará ya sea el cielo o lo que
viene del cielo, ya sea el sheol, la ilusión, el sueño,
el engaño, o también el volátil, el disolvente. Lo mismo
ocurre con el precioso metal, el cual significará el cuerpo del
oro noble o del oro vil, el metal muerto o vivo, el oro de los
elegidos i el de los avaros. Lo mismo ocurre con el sentido.
La interpretación jeroglífica de
cada una de las láminas dependerá, pues, de la situación de
los colores en relación con el dibujo. Hay aquí todo un
lenguaje, una verdadera gramática que hay que aprender poco a
poco para poder leer y comprender.
La naturaleza del oro, por
ejemplo, será muy diferente según que el personaje lo lleve en
la cabeza, como un casco, o que lo tenga en la mano bajo tal o
cual forma, o que lo lleve sobre su vestido, etc... Estos tres
colores siempre se vuelven a encontrar en cada una de las
láminas y, con las particularidades del dibujo, forman el
lenguaje que el autor ha utilizado. No podemos, en el marco de
este estudio, extendernos sobre esta cuestión importante, pero
volveremos a ello en otras circunstancias. especifiquemos, no
obstante, que estos tres colores designan también las tres
substancias que los magos, llegados de Oriente, ofrecieron al
Niño-Dios en su pesebre: el oro puro para el cuerpo, el incienso
para el espíritu y la mirra para el sentido que une el espíritu
con el cuerpo.
Los colores secundarios son el
blanco, signo de pureza, el verde, para significar la naturaleza,
y a veces el negro. Tenemos, pues, los seis colores principales
de la heráldica: gules, azur, oro, blanco o plata, sinople y
sable. Finalmente, el color carne sirve para colorear a los
diferentes personajes.
Ahora, a título de ejemplo,
proponemos al lector una interpretación de la lámina XVI, la
Torre (12)
En primer lugar, he aquí la
interpretación dada por Court de Gebelin en Le Monde Primitif.
Es un buen resumen de la de los cartománticos:
«La Torre [en francés
Maison-Dieu] o castillo de Plutón:
Esta vez sí que tenemos aquí una
lección contra la avaricia. Esta imagen representa una torre que
es llamada Casa-Dios, es decir, la casa por excelencia; es una
torre llena de oro, es el castillo de Plutón, cae en ruinas y
sus adoradores caen aplastados bajo sus escombros.»
Esta lámina está considerada
como temible cuando sale en el juego. Significa derrumbamiento,
ruina y la gama más sombría de accidentes. Es, pues, una mala
lámina.
No obstante, un examen atento
desmentirá del todo esta interpretación. En efecto, ¿acaso no
cabe extrañarse de que esta torre tambaleante sea denominada
Casa-Dios? Este término evocaría la idea de un tabernáculo
más que la de una reserva de oro vulgar amenazada por la ruina.
Consideremos atentamente el grabado.
Vemos, en realidad, una torre cuyo
techo se levanta sin dificultad, como una tapadera.
Así pues, aquí no se trata de
una torre fulminada. Es simplemente, el atanor u horno de los
alquimistas en el momento en que se produce lo que se llama la
primera conjunción, que es el «don de Dios». Lo que penetra en
la torre es este nitro corruscante que se convertirá en el
Mercurio de los Filósofos. El atanor ha sido a menudo descrito
por los autores antiguos como una torre redonda de ladrillos
cimentados. ¿Acaso no vemos, por las tres ventanas de esta
torre, que se está llenando de este gran aire que es el azul
celeste? Es la noble sangre azul, que se irá cuajando poco a
poco en miel de caridad.
Es este mismo nitro corruscante,
llamado también nitro de los montes, que fue manifestado al
sabio Moisés (13) en la nube en medio de los rayos. Éxodo
XIX, 16 y ss. Veamos, pues, aquí, con este gran don, el comienzo
de la obra de la cábala química o misterio de la creación.
Los dos personajes, lejos de ser
precipitados de lo alto de la torre, son, en realidad, dos locos
bailando sobre la cabeza como niños alegres. Es la danza llamada
de Salomé (ver figura siguiente) o danza de David ante el Arca.
También se podrá interpretar diciendo que andan cabeza abajo
para leer mejor los signos inscritos en esta tierra filosófica o
Santo Egipto.
Uno es el maestro y el otro, el
discípulo. En efecto, el maestro enseña mediante la palabra y
muestra con la mano; por esta razón el cuerpo del personaje de
la derecha permanece escondido, excepto la cabeza y el brazo, que
lo definen. El personaje de la izquierda es el discípulo: el
cuerpo rojo y arrugado del hombre de los sentidos empieza a
resquebrajarse, como un caparazón agrietado, por efecto del
empuje interior del hombre celeste. (14) Se observará, en las
rodillas, las calzas gastadas por la plegaria. La posición de
las piernas es significativa: aquí, el pie levantado
verticalmente indica una jerarquía entre el espíritu y el
sentido; el pie levantado veja el estudio ya que, aquí, el
espíritu domina el sentido. En lo que se refiere a la otra
pierna, el pie azul y la pierna roja están a la misma altura: el
espíritu y el sentido se equilibran mutuamente, van a la par.
Al pie de la torre, sobre un suelo
seco, se ven dos pequeños charcos de agua: este agua debería
estar en el interior, pero el dibujante no ha encontrado otro
medio para indicar este vapor condensado en las paredes y que,
poco a poco, fluye en forma de agua al fondo del vaso. Es la
fuente de la que beberá el sabio discípulo de la Filosofía.
Veamos, finalmente, el «mercurio
vulgar» en estos pequeños círculos azules, blancos y rojos,
cayendo poco a poco en el suelo; el azul indica su naturaleza
celeste; el blanco, su pureza cuando no está mezclado con los
mixtos; el rojo nos recuerda la naturaleza, en algún modo
mágica, de este aire sensible que anima nuestro mundo.
Muchos ocultistas, desde Etteilla
(15), han creído tener que volver a dibujar los tarots,
alardeando de hacerlo mejor que el antiguo imaginero, pero sin
haber jamás poseído, es evidente, ni su saber ni su intención.
Consideremos la misma lámina XVI redibujada por Oswald Wirth, un
estimable erudito del siglo pasado. El dibujo es agradable, pero,
¿qué queda en todo esto del sentido de la lámina? Los dos
personajes que reciben cada uno un ladrillo en la cabeza nos hace
pensar en las desventuras del célebre capitán Haddock, antes
que en la Gran Obra.
Proponemos, en el siguiente
estudio, un comentario de la lámina no numerada, el Loco, que
expresa la desdichada condición del hombre perdido aquí abajo.
Pero, explicar los jeroglíficos de todas las láminas no sería
conforme a las intenciones del autor. Ha querido, en efecto, que
este libro permanezca sellado, que el sentido de estas sabias
figuras no fuera divulgado.
No obstante, esperamos que se nos
perdone esta publicación si es juzgada indiscreta. Hemos querido
rendir un homenaje filial al recuerdo olvidado del SABIO
IMAGINERO cuyos jeroglíficos encantan nuestro estudio.
Asimismo, deseamos atraer la
intención del lector curioso sobre un libro de entre los más
sabios y más divulgados y, sin embargo, de los más ignorados.
Así es en este mundo: la sabiduría está clamando en los
lugares públicos, algunos intentan imitarla, pero nadie la oye.
POST-SCRIPTUM:
LA DANZA DE SALOMÉ
Salomé significa «reposo del
Señor».
La figura siguiente reproduce el
tímpano del portal izquierdo, llamado Portal de san Juan, de la
catedral de Ruán. En el nivel superior del tímpano, vemos el
amortajamiento del santo Precursor. En el nivel inferior, el
festín de Herodes, la Danza de Salomé, la decapitación de san
Juan y la entrega hecha por Salomé a Herodías, de la cabeza
cortada. (Mateo XIV, 1 a 12)
Salomé, (16) también ella, baila
sobre la cabeza. Se ve, un poco más arriba de sus rodillas, el
huevo filosofal sobre un soporte de piedra. El parentesco de
inspiración del escultor y del imaginero parece evidente.
La decapitación de Juan Bautista
ha sido a menudo comentada por los Padres, quienes la evocaron en
su polémica contra los judíos de la época. Leemos en Orígenes
(siglo II): «Mira este pueblo en el que alimentos puros e
impuros son examinados, mientras desprecia la profecía
presentada en bandeja a modo de alimento». (17) La cabeza de
Juan Bautista representaría, pues, el principio de la profecía,
del que se privaron los judíos por la decapitación del Santo.
Orígenes añade, en efecto: «Decapitan la Palabra Profética,
tras haberla encerrado en una prisión, no conservando más que
una palabra cadáver, mutilada, que ya no tiene ninguna parte
sana, ya que no la entienden».(18) Reflexión todavía de
actualidad, aplicable a mucha gente... Se puede poner en
relación este pasaje con la decapitación de Polidoro en la Eneida,
que hemos evocado en Le Fil d'Ariane, nº 7: Polydorum
obruncat... etc... (19)
También David bailaba ante el
Arca del Señor: II Samuel VI. Su esposa Mical le vio
bailar y le despreció en su corazón. Le dijo: «¡Cómo ha sido
honrado hoy el rey de Israel, él, quien se ha desnudado ante sus
sirvientas y servidores como un hombre de nada!» Bailando, él
también, sobre la cabeza ante el Arca, había, pues, desnudado
su fundamento...
Es en el mismo sentido que el
autor de El Mensaje Reencontrado escribió: «Heme aquí
barrido, andando sobre la cabeza... con gran escándalo para los
bien pensantes». (20)
____________________
1. Corpus Hermeticum, vol.
IV, p. 2. «La virgen del mundo», tr. XXIII, Trad. Fsetugière,
Les Belles Lettres, París, 1954.
2. Ed. B. P. Grimaud.
3. Sin tener la pretensión de
querer crear lenguaje, podríamos traducir esta palabra francesa,
cuyo equivalente literal no existe en castellano, por
«tarotado». Notemos que en catalán existen palabras que, si
bien no se refieren directamente a ello en cuanto al significado,
tienen un parentesco etimológico con el tarot: «destarotat»
significa «desconcertado». Otra palabra, menos usual, es la
empleada para decir un «sombrero viejo»: «tarot».
>4. Diccionario
Littré.
>5. Según la
excelente explicación de D. Gabriele Mandel: Les Tarots des
Visconti, Ed. Vilo, París, 1975.
>6. Ver Tarots
de los Visconti: «Le Bagatin» (Su Majestad Carnaval), «Le
Bateleur».
>7. En
realidad LXXVI, como veremos.
>8. A. Court
de Gebelin: Le monde primitif analysé et comparé avec le
monde moderne considéré dans divers objets concernant
l'historie, le blason, les monnaies, les jeux... (París,
1781). Esta obra, aún ahora y respecto a muchas cosas,
merecería ser consultada.
>9. Observemos
que el juego de cartas español aún posee estos cuatro triunfos,
entre ellos el caballero. Así pues, algunos historiadores del
tarot han visto su origen en España y, quizá, como siendo una
herencia de la ocupación musulmana. Tal vez no sea por
casualidad que en español las cartas se llaman «naipes», una
palabra que parece provenir del árabe Nabi: «profeta».
(Paul Boiteau: Les cartes à jouer et la cartomancie,
Hachette, París, 1851).
>10. El tarot
de Marsella está grabado sobre madera. Existen dos series de
matrices. Una pertenecería actualmente a un coleccionista
americano, la otra es la utilizada por el editor Grimaud.
>11. La
denominación francesa de la lámina IX es: «L'Hermite,
normalmente, para respetar la ortografía de la palabra, tendría
que ser «L'Ermite» (N. del T.)
>12. La
denominación de esta carta en las ediciones francesas del tarot
es: «La Maison-Dieu», o sea «La Casa-Dios». (N. del T.)
>13. Apareció
varias veces en la revelación bíblica, por ejemplo: I Reyes
XIX, 11-13; Ezequiel I-4; etc.
>14. Esaú,
el hombre terrestre, es llamado Edom, recordando el color
rojo, mientras que Jacob, su hermano gemelo que nació después
de él, es llamado el hombre azul (en hebreo Tekheleth).
>15. Etteilla:
su verdadero nombre Alliette, contemporáneo de Court de Gebelin
y lector entusiasta de éste. Era el más erudito de los
peluqueros. Había hecho pintar versos griegos sobre su puerta.
Pero su erudición era debida en gran parte a su imaginación. He
aquí las primeras líneas de su libro sobre los tarots: «Es con
razón que nos extrañamos de que el tiempo, que lo destruye
todo, y la ignorancia que lo cambia todo, hayan dejado pasar a la
posteridad una obra compuesta en el año 1828 de la creación,
171 años después del Diluvio y, finalmente, escrito hace hoy
3.953 años. Este libro fue redactado por diecisiete Magos,
incluyendo el segundo de los descendientes de Mercurio-Athotis;
éste, nieto de Cam y biznieto de Noé, el cual tri-Mercurio o
tercero con este nombre, ordenó el libro de Toth (El Tarot)
según la ciencia y la sabiduría de sus antepasados...»
Etteilla murió en 1791. Es el autor de tarots redibujados y de
numerosas obras dedicadas a la alquimia, la cartomancia, etc...
>16. Salomé,
hija de Herodías, se casó con Aristóbulo, rey de Armenia; tuvo
un hijo llamado Herodión. ¿Se hizo cristiana Salomé, así como
su marido y su hijo? Un pasaje de la Epístola a los Romanos
hace referencia a la casa de Aristóbulo, XVI-10: «Saludad a los
de la casa de Aristóbulo, saludad a Herodión mi allegado».
Ver Anatole Estryn: L'incendie
de Rome sous Néron. En Les cahiers du cercle Ernest
Renan, enero-febrero 1979, fasc. 108: ¡Según el comentario
de Orígenes y el sentido espiritual del evangelio, Salomé
sería un modelo a seguir para los cristianos...! Asimismo,
encontramos una Salomé discípula de Jesús en el Evangelio
según Tomás. Pero nada nos garantiza su identidad.
>17. Orígenes,
Commentaire sur l'Evangile selon St. Matthieu, X-22.
Sources Chrétiennes, vol. 162, p. 251 (trad. M. Fischer).
>18. Id.,
X-22, p. 252.
19. La traducción de este
artículo se ha publicado en La Puerta, «Alquimia», p.
33.
>20. L.
Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, XXXVII-8'.
|