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LA POESÍA DE LOUIS CATTIAUX POR R. AROLA
Unos meses después de la muerte de Louis Cattiaux, su esposa, Henriette
Péré y un pequeño grupo de amigos publicaron un opúsculo
que contenía los poemas de Louis Cattiaux. Se recogieron en un bello
volumen editado por Le Cercle du Livre, que contiene desde las composiciones
de su juventud, los Poemas de antes, (1) hasta los últimos que escribió,
los Poemas alquímicos, un conjunto de cuatro aforismos (dos de estos
últimos fueron introducidos más tarde como epígrafes de
El Mensaje Reencontrado). Hemos querido reproducir aquí sus poemas tal
y como fueron ordenados y publicados entonces, aunque es improbable que fuera
este el orden concebido por el autor.
Los escritos que Cattiaux denominó «poemas» son pequeñas
reflexiones en prosa en las que un pensamiento profundo es expresado de manera
simple por medio de una imagen, de un instante cotidiano o de un fenómeno
natural; en este sentido Jean Rousselot escribió: «Se trata de
pequeños haikus (2) escritos en prosa, sentenciosos y cargados de evidencia,
que un hombre de uñas limpias traza en el dorso de nuestra vida manchada
por la codicia, el odio y el atropello inútil». (3) Pudiera ser
que el estilo de Cattiaux naciera como una búsqueda de nuevas formas
expresivas, siguiendo los esfuerzos del arte vanguardista. Sin embargo, poco
a poco se convirtió en un estilo muy personal que se mantuvo a lo largo
de todas sus obras posteriores, en especial en El Mensaje Reencontrado, escrito
íntegramente en forma de sentencias. También influyó en
el uso de esta forma expresiva su costumbre de «frecuentar regularmente
las bibliotecas, donde podía estudiar las obras de los Maestros y los
Filósofos […]. Llenó algunas libretas recogiendo todo tipo
de observaciones y notas tomadas de aquí y allá en forma de versículos»,
(4) es decir, en forma de pequeñas frases sintéticas que resumían
una operación, alejadas de los discursos especulativos.
Los poemas de Louis Cattiaux deben relacionarse necesariamente con El mensaje
reencontrado, su obra más importante, sobre todo porque Cattiaux consideraba
«poemas» determinados aforismos y ciertos «versículos»
de El Mensaje Reencontrado. En esta distinción se halla una clave introductoria
para su lectura.
La primera distinción está determinada por la cronología,
puesto que la mayoría de los poemas fueron escritos con anterioridad
a los primeros versículos. En ellos se refleja el largo y duro trabajo
para encontrar las formas expresivas que le permitieran manifestar con precisión
sus sentimientos y sus pensamientos. Así, lo que pudo comenzar como un
intento de encontrar un sistema expresivo propio se convirtió en el soporte
imprescindible para desarrollar su filosofía. En este sentido escribió
en El Mensaje Reencontrado: «Si deseamos las artes empecemos por educar
severamente nuestro espíritu y nuestras manos y continuemos dejándolas
libremente». (5)
Pero la cronología no es suficiente para justificar la distinción
entre poemas y versículos, puesto que algunos de ellos coinciden en el
tiempo. La diferencia más importante se establece en relación
con los aspectos temáticos; es decir, lo que Cattiaux considera un poema
describe situaciones personales del autor, momentos vividos, sus sentimientos
y reflexiones con relación a su esposa, a sus amigos, al país
africano en donde cumplió el servicio militar, a su gato, etc., o bien
expresa su opinión sobre diferentes artistas o sabios que admiraba, mientras
que los versículos de El Mensaje Reencontrado se apartan completamente
de la escritura en primera persona y se convierten en sentencias herméticas.
Ello es especialmente evidente en los doce primeros capítulos o libros
de El Mensaje Reencontrado, pues en este momento coincidió la redacción
de los poemas y los versículos. Respecto a la elaboración de los
doce primeros libros, Carlos del Tilo explica: «Trabajó durante
seis años para escribir los doce primeros libros, (o sea unas cien páginas)
editados en 1946; los versículos que aparecen en éstos están
concentrados al extremo, cada palabra ha sido pesada con cuidado, al igual que
una quintaesencia destilada pacientemente gota a gota, purificada a la perfección.
El artista se ejercitó mucho hasta dominar su arte, que poseyó
entonces perfectamente». (6) A partir de esta época, que se podría
situar a finales de la década de los cuarenta, Cattiaux abandona casi
totalmente la práctica poética y centra todo su esfuerzo en la
escritura de El Mensaje Reencontrado. Es entonces, como continua explicando
Carlos del Tilo, cuando: «los versículos parecen llegar a un ritmo
más rápido. […] Escribía día tras día,
versículo tras versículo como guiado, poseído por un dios
secreto, no escuchando más que a éste, sin distracción
en el tumulto de la gran ciudad. Los versículos surgían en cualquier
momento del día, transcritos en el primer trozo de papel que encontraba».
(7)
Cattiaux separaba claramente lo que correspondía al hombre y a su experiencia
en este mundo y lo que era motivo de inspiración hermética, donde
se refleja otra experiencia. Lo primero quedó reflejado en los poemas,
lo segundo en los versículos de El Mensaje Reencontrado.
Los poemas están escritos en su mayoría en primera persona y
el autor describe el proceso que le conducirá a encontrar su auténtico
centro, alejándose del universo de sensaciones de aflicción o
alegría; por ello escribe en el tercer fragmento de los Poemas de antes:
«Pronto mi propia densidad me alejará de estos polos absurdos.
Yo seré mi propio reflejo en la conciencia abstrusa».
Además de su innegable valor literario y filosófico, los poemas
de Cattiaux son un ejemplo excepcional para comprender como, por medio del arte,
se puede atravesar la conciencia personal y penetrar en la conciencia que se
armoniza con el universo y su creador. Las dos son fruto de una experiencia,
pero la primera es personal, mientras que la segunda es una experiencia iniciática
en la cual el artista conoce los misterios de la realidad oculta y trascendente.
En esta clara diferenciación residen la grandeza y el interés
de los poemas de nuestro autor que presentamos a continuación, pues llegan
hasta el límite de la descripción de una experiencia personal.
En el último poema, titulado «El invisible», Cattiaux escribe:
«En esta eternidad del fuego trascendente, donde se alternan las vidas
y los agujeros del silencio, he alcanzado el núcleo secreto de los límites
y me río de las potencias de la muerte».
Muchos de sus poemas describen esta experiencia, en la que el yo individual
se une con el ser universal, como en el titulado «La gratuidad»:
«Incidentalmente, ese día me incorporé a la totalidad del
Ser …». La totalidad del Ser incluye el macrocosmos y el microcosmos,
por ello escribe en «Lo innominable»: «Me hizo ver lo más
pequeño, me hizo tocar lo más grande, y conocí la identidad
de su naturaleza profunda, que ningún límite encerrará
jamás». Esta totalidad del ser es también los tres planos
de la realidad, es decir, el físico, el psíquico y el espiritual:
por ello en el poema titulado «A la pureza» Cattiaux escribe: «Habiendo
examinado la inocencia primera, osé aventurarme en el fango de los tres
mundos, sin temor a morir».
La experiencia, que en los poemas es descrita como una realidad que le ocurre
a un individuo, se convierte en El Mensaje Reencontrado en una enseñanza
universal, independiente del hombre que la ha escrito. En un versículo
de El Mensaje Reencontrado podemos leer: «Quien domeña los estímulos
del cuerpo, del corazón y del espíritu se vuelve dueño
de lo de dentro y de lo de fuera». (8)
Los poemas de Cattiaux, especialmente los últimos, nos conducen al límite
de la experiencia espiritual personal: más allá sólo existe
la experiencia profética, es decir, cuando el hombre se convierte en
un instrumento para la expresión de la divinidad; se trata entonces del
Gran Arte que enseña el misterio divino. Por eso, al final de su vida
Cattiaux abandona la poesía como forma de afirmación estética
y su escritura se convierte en un testimonio profético.
Este proceso, al que todo arte auténtico aspira, lo describe un gran
amigo del autor, el barón d’Hooghvorst, cuando escribe: «De
entre todas las formas de arte, la poesía es ciertamente la más
digna de admiración aquí abajo ya que tiene como materia la más
noble función humana: la palabra. La poesía, la verdadera, se
confunde con la profecía. Los Antiguos no dudaban de que los poetas estuvieran
poseídos por un ser divino: la Musa. Sin Musa, no hay poeta. Los términos
acompasados del decir poético eran los de un dios encarnado […].
Pero esta poesía anuncia un arte aún más noble que sólo
encuentra su justificación en sí mismo, en la gratuidad de un
eterno reposo: es la fiesta en la que el rey púber se divierte y ríe
en el Olimpo, es el Gran Arte». (9)
Los poemas de Cattiaux son precursores y anunciadores en este mundo del mundo
por venir. Son un pórtico a El Mensaje Reencontrado, su gran obra sin
ningún genero de dudas, en la cual escribió: «Los defectos
y las insuficiencias del Libro se han de imputar a nuestra debilidad y a nuestra
indigencia excrementales, que pertenecen a la nada cenagosa. Las cualidades
y las bellezas de la obra se han de atribuir a nuestra luz substancial y a nuestra
inspiración esencial, que pertenecen a Dios. Así pues, nuestra
individualidad temporal no ha de ser obstáculo para nadie, ya sea rechazándole,
ya sea atrayéndole. Pues sólo la palabra de Dios y su salvación
cuentan en definitiva, y sólo ellas han de ser objeto de todos nuestros
pensamientos y de todos nuestros cuidados aquí abajo». (10)
____________________
1. Fechados en el texto en 1930.
2. Los haikus son formas de la poesía clásica japonesa.
3. «Louis Cattiaux vu par son ami Jean Rousselot», en Louis Cattiaux,
Physique et Métaphysique de la Peinture, Ed. Les Amis de Louis Cattiaux,
Bruselas, 1991, p. 10.
4. R. d’Oultremont, «Versículos alquímicos recopilados
por L. Cattiaux», en La Puerta. Textos alquímicos, Dialtt, Barcelona,
1997, p. 51.
5. El Mensaje Reencontrado, op. cit., XXIII, 55.
6. «Louis Cattiaux, un genio ignorado», en La Puerta. Sobre esoterismo
cristiano, Ed. Obelisco, Barcelona, 1990, p. 109.
7. Idem. A partir de esta época todo su interés se centró
exclusivamente en El Mensaje Reencontrado y utilizó el yo mayestático
para hablar de sí mismo.
8. El Mensaje Reencontrado, op. cit., VI, 32’.
9. «Chromis et Mnasylus in antro», en La Puerta. Tradición
latina, Ed. Obelisco, Barcelona, 1995, pp. 11-12
10. El Mensaje Reencontrado, op. cit., XXXII, 1-2.
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