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EDITORIAL
DE LA PRIMERA PUERTA (1978)
LA PUERTA acaba de nacer gracias a la iniciativa de un
pequeño grupo de buscadores de la verdad tradicional, quienes la
han presentido un día, al leer un texto antiguo caído por
casualidad en sus manos; desde entonces han sentido que había
«algo» que buscar, y se han puesto en pos de este saber
perdido.
Poco a poco han reencontrado su
rastro en los libros de los sabios, olvidados por una humanidad
enferma a causa de su ciencia exterior, que le hiela el corazón
y devora lentamente el espíritu y el cuerpo. Esta ciencia
exterior no es ciertamente la de los sabios cuya palabra es
liberación, regeneración y vida.
Al fundar nuestra revista, hemos
pensado ayudarnos en primer lugar a nosotros mismos (la caridad
bien entendida, ¿no comienza por uno mismo?) buscando y
traduciendo los textos auténticos de la Tradición y
ofreciéndolos luego a todos los buscadores desconocidos,
creyentes de buena voluntad y sin prejuicios que, como nosotros,
se han puesto en camino para «el gran peregrinaje».
¿Cuántas de estas obras de los
grandes maestros del saber son totalmente desconocidas por
nuestros contemporáneos en este país, al no haber sido editadas
jamás en nuestra lengua la mayor parte de ellas? Por
consiguiente, nuestra revista se propone darlas a conocer poco a
poco, publicando extractos, en los que nos esforzaremos en
ofrecer una traducción lo más fiel posible, acompañada de
algunas notas de presentación y referencias.
Nuestro propósito es dejar hablar
y escuchar a los verdaderos conocedores que han cantado el único
secreto de la gnosis, porque es a la vez de Dios y del
hombre, que se ha transmitido idéntico de edad en edad. ¿El
amor de esta gnosis no debe calmar su sed en las dos fuentes de
la revelación que son las Escrituras y la Tradición? ¿Y la
gnosis eterna no se encuentra en la boca de todos aquellos que la
han poseído a lo largo de los siglos?
Es hacia su enseñanza que está
orientada nuestra búsqueda, sin rechazar a ninguno, ya que es la
misma Sabiduría quien habla a través de todos ellos; no se les
reconoce ni en la imagen ni en la forma, sino más bien en el
perfume y sobre todo en la densidad.
Se les reconoce también porque
siempre se han confirmado los unos a los otros, sin jamás
oponerse, al contrario de los sabios y filósofos del mundo.
La palabra de los profetas y
sabios es pues LA PUERTA, porque ellos son los únicos guías que
pueden hacer que nos acerquemos o penetremos en el Jardín de las
Maravillas, con el fin de reencontrar la gracia, el amor y el
conocimiento perdidos por el hombre exiliado en este mundo.
«Feliz el hombre que me escucha,
que vela cada día a mis puertas y cuyos umbrales vigila» dice
la Sabiduría en un célebre libro, a la entrada de las
puertas hace oír su voz.
En LA PUERTA. SÍMBOLOS
FUNDAMENTALES, se citaron algunos fragmentos de esta primera editorial y se añadieron las siguientes citas:
«La enseñanza del sabio es una
fuente de vida para evitar la trampa de la muerte». (Prov. XIII, 14).
«Manténte adicto a la
instrucción, no la abandones, guárdala, pues ella es tu vida».
(Prov. IV, 13).
«Amo a los que me aman y me
hallarán los que madrugan para buscarme». (Prov. VIII, 17).
«Es el árbol de la vida para los
que la asen». (Prov.
III, 18).
«De este modo será la salud para
tu cuerpo y un refresco para tus huesos». (Prov. III, 8).
«Os hemos enviado un libro para
instruiros, ¿acaso no abriréis los ojos? (Corán XXI, 10).
«¡Oh, vosotros que esperáis la
salvación de Dios, despertad en el mundo! Y buscad la luz
secreta de las palabras de vida en vez de contentaros con su
vestidura de sombra». (Louis
Cattiaux, El Mensaje Reencontrado XXXV, 77 y 77).
«¡Oh, qué mensaje reencontrado
para leer aquí, en nuestra
escuela!
En tal libro, el oro negado,
En un estudio del sentido puro
deletreándose largamente». (E.
H.)
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